Ángela de Miguel (Negotia): «Los intereses reales de los clientes deben estar en el centro de toda la acción que llevemos a cabo los despachos»

Publicado el jueves, 27 diciembre 2018

Con más de veinte años de profesión y una década dirigiendo Negotia, el bufete que fundó en 2007, Ángela de Miguel (Valladolid, 1971) conoce al dedillo la diferencia entre «intereses reales» de los clientes y las soluciones que da el Derecho, no siempre adecuadas a las necesidades de empresas, entidades o particulares. Defensora del llamado ‘new law’, y una de las pocas abogadas españolas que lo pone en práctica, De Miguel sitúa en el centro de su estrategia de negocio el interés de sus clientes, la adecuación de los honorarios de los bufetes a un trabajo efectivo y la negociación previa para evitar una judicialización larga y costosa.

Núria Ribas / @oikit

Ángela de Miguel, socia directora de NEGOTIA

Ángela de Miguel, socia directora de NEGOTIA

 

Lawyerpress (P): Se habla mucho de ‘new law’ pero pocos despachos lo aplican realmente. ¿Qué es para usted esta teórica evoluciòn del Derecho?

Ángela de Miguel (R): Para mí es la nueva manera de entender el derecho en el siglo XXI. Los clientes demandan cosas muy distintas de las que se demandaban hace unos años y eso exige una serie de valores, de compromiso, de rapidez. Los intereses de los clientes deben estar en el centro de toda la acción que llevemos a cabo los despachos de abogados.

P: Pero, ¿cómo se traduce eso en el día a día de un despacho, por ejemplo, en el caso de Negotia?

R: En el diseño de nuestros productos o servicios, por ejemplo. Lo más importante es ver en qué le reporta más beneficio al cliente. Porque, realmente, cuando alguien entra por la puerta y te contrata es porque quiere que le ofrezcas una solución. Pero, cuidado, ante el mismo problema no siempre va bien la misma solución. Es importante saber qué es lo que de verdad necesita ese cliente. Y después de saber eso, diseñamos toda la estrategia jurídica. Y solo después, fijamos el precio.

P: ¿El precio? ¿Forma parte de este nuevo modelo de ejercer el Derecho desde los bufetes?

R: Desde luego. Porque si al final nosotros trabajamos más y cobramos más por esas horas trabajadas o cobramos por número de escritos presentados, para el cliente es mucho peor. Es decir, si, aunque no sea responsabilidad mía, mi cliente acaba en el Tribunal Supremo, este tiene que sufrir diez años de un proceso costosísimo y muy desgastador. En cambio, si consigo un sobreseimiento de un proceso penal a los tres meses mi trabajo será mucho mejor que si lo consigo tras llegar a la apelación.
Creo que este cambio en los honorarios es importante porque conlleva que nuestro trabajo esté buscando ese beneficio para los intereses de los clientes, en vez de buscar complicar los contratos de 50 o de 100 folios que no benefician a nadie. Claro, si cobro por horas o por procedimientos me interesará hacer contratos complicados o muchos procedimientos. Pero eso va en contra de los intereses de los clientes.

P: Entonces, ¿cuánto más rápido le solucione un conflicto legal a un cliente, más le debería cobrar?

R: Claro, tú acompañas a tu cliente. De hecho, al cliente, cuanto mejor le salga, más le tienes que cobrar. Muchas de las nuevas formas de ejercer el Derecho, como puede ser la mediación o, sobre todo, el derecho colaborativo, que evitan el conflicto y consiguen un acuerdo extra judicial, consiguen ahorrarle a la empresa, al cliente, muchísimo dinero, tiempo y estrés.

P: Usted es una firme defensora del derecho colaborativo y una de las mayores  expertas en nuestro país. ¿Qué aporta por encima de la mediación o el arbitraje?

R: Es una solución mucho más interesante que la mediación y el arbitraje porque tienes a dos abogados expertos en negociación y las partes van acompañadas de sus abogados, con lo que  no dependes de un tercero, el mediador o el árbitro, sino que lo controlas el proceso. Se buscan los intereses reales de ambas partes y no las posiciones legales. Y, además, si no se llega a un acuerdo, ambos abogados se comprometen a no ser ellos los que acudan a juicio y a no usar lo que se ha hablado en la negociación.

P: Parece un método muy ventajoso, especialmente para empresas de ámbito familiar, por ejemplo, en las que los conflictos son a menudo teñidos de intereses personales y emotivos. Pero no es muy conocido en España. ¿Por qué?

R: Exacto, es poco conocido. Creo que está muy relacionado con la cuestión de los honorarios de la que hablábamos antes. Si pones el valor en las horas de trabajo en vez de en la rapidez y eficacia con la que resuelves el problema, cuantos más procedimientos presentes, más horas de trabajo facturas. Entonces no me va a interesar llegar a un acuerdo, porque son menos horas. Además, en las facultades de Derecho todavía no se forma a los futuros abogados en negociación. Entonces  nos vamos a un modelo totalmente procesalista donde dirimimos muchas de las cuestiones en el ámbito judicial. Pero así, no satisfacemos los intereses del cliente.

P: ¿Es fácil distinguir entre intereses y posiciones?

R:  Pues no siempre es fácil, no. A menudo se confunde interés y posición. El interés es lo que uno quiere de verdad y la posición es la solución que nos da el Derecho. Normalmente, cuando los abogados hablamos con los clientexs lo hacemos en términos de posición: la ley me permite esta solución y aplicarla cuesta tanto. Pero detrás de un problema, de un conflicto que pueda tener una empresa, aunque la ley dé una solución, igual el interés real del cliente es otro. Qué es lo que realmente quiero como empresa, como organización y como persona y sobre eso buscar las diferentes soluciones. Este enfoque nos permite tener en cuenta millones de soluciones muchísimo más interesantes y más ricas que la que nos da el Derecho en sí aplicado de una manera rígida y estricta.

P: La digitalización, ¿está ayudando en este nuevo paradigma del Derecho?

R: Bueno, yo creo que el ‘new law’ tiene mucho que ver con la transformación digital. Porque lo que ha hecho la digitalización es que nosotros, como usuarios, como consumidores, cambiemos muchos de nuestros valores y de nuestras exigencias. Y estamos viendo como la digitalización nos permite tener una transparencia mucho mayor, un conocimiento mucho mayor, conocer cómo está el mercado fácilmente, etc. Eso hace que nosotros cambiemos nuestras exigencias y nuestras necesidades. Por no hablar de la inmediatez que ahora exigimos. Y eso es algo que los despachos deben empezar a asumir. En Negotia intentamos aplicar muchas de estas herramientas tecnológicas que tenemos a nuestro alcance, porque nos hace ser más eficientes, gestionar mejor nuestros procesos y tener un mayor control.

P: Esta flexibilidad, transparencia y eficacia que se busca desde los despachos también implica una interdisciplinariedad. ¿Se imagina despachos formados por perfiles profesionales que no sean abogados, incluso como socios del bufete?

R: Yo creo que esto va a llegar. Vamos hacia un modelo adecuado para un cliente muy exigente. Y lo que este va a pedir es una solución buena para él, rápida y transparente. Así que creo que nos vamos a encontrar con dos modelos diferentes de despacho: aquellos ‘low cost’ en los que los procesos van a  ser totalmente automatizados sin apenas parte personal y, por tanto, muy baratos. Y otro modelo en el que la persona, el cliente, va a querer que se le entiendan bien sus necesidades y que estas se cubran bien. En estos casos, es difícil en muchos casos que estas necesidades se entiendan solo desde la parte jurídica. En algunos casos necesitaremos otros profesionales para entender el conflicto de aquella empresa. Y necesitaremos otros profesionales, arquitectos, ingenieros, economistas, etc, no solo como peritos como hasta ahora.

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