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12 de NOVIEMBRE de 2015

El jurado y la comunicación jurídica, una relación que se debe revisar hacia la simplificación de los términos y expresiones

LAWYERPRESS / @LuisjaSanchez

Grupo de Investigación Derecho y Lenguaje de Comillas organiza con motivo de la Semana de la Ciencia un simulacro de juicio con jurado para analizar todas las partes del proceso

De la teoría a la práctica. Si hace algo más de un mes pedíamos a diferentes juristas opinión sobre la figura del jurado, en el reportaje que va a leer nuestro lector a continuación, va a poder cotejar las reflexiones de profesionales juristas que han ayudado a simular un juicio con jurado. Las dos horas que duró el proceso fueron amenizadas por sketches de la película “Las dos caras de la verdad”, cuestión que sirvió al “jurado” elegido para dictar su veredicto definitivo.  Este evento, en el que este periodista pudo participar fue organizado por el Grupo de Investigación Derecho y Lenguaje de ICADE de la Universidad Pontificia de Comillas. Estos son los comentarios de Cristina Carretero, profesora de Derecho Procesal y Oratoria y directora de este Grupo de Investigación, de la fiscal de Alcalá de Henares, Beatriz Prieto y de Marta Retolaza, Estudiante de 2º E1 Business Law. Facultad de Derecho. Universidad Pontificia Comillas.

Cristina Carretero hace una primera reflexión sobre este tema :. “¿Por qué con un jurado no le sirve al jurista la comunicación clásica? Porque no le entenderán y eso no le interesa.”  Luego añade que “Si quiere que le comprendan los jurados, tendrá que esforzarse para resultar más explicativo, más claro y así que su mensaje llegue mejor y más eficazmente.”

Para esta estudiosa del lenguaje, miembro de la Comisión de Claridad del Lenguaje Jurídico que ha puesto en marcha el Ministerio de Justicia recientemente :”  Si emplea las fórmulas habituales de expresión del Derecho sin un plus de claridad en los términos más técnicos, sustituyendo el tecnicismo cuando resulte posible, y, cuando no, explicándolo, la comunicación será complicada o inexistente.  Recuerde que uno de los apartados que completarán los futuros jurados es: ¿sabe leer y escribir? … El léxico jurídico sencillo se impone.”

Desde su punto de vista la Buena y clara comunicación se puede ver en dos ejemplos que nos explica :” El primero, que constituye un hecho desfavorable del objeto de un veredicto real (solo se han suprimido o modificado ciertos datos de identificación):

“El acusado D. Carlos M.M., mayor de edad, la mañana del martes 15 de septiembre de 2011, en el domicilio familiar que compartía con su  pareja sentimental Dª Lourdes N.N., propinó a la misma uno o varios fuertes golpes en la cabeza con o contra un objeto contuso, con el propósito de acabar con la vida de Lourdes, o admitiendo que era muy probable que su acción le causara la muerte, causándole lesiones en el cráneo consistentes en una herida lacerante en la región temporo-parietal izquierda, continuando en dirección horizontal con una zona deprimida en región fronto parieto temporal izquierda que determinaron un traumatismo cráneo encefálico severo con destrucción de centros vitales que le causaron la muerte”.

Para Cristina ese texto  es claro :” Porque entiendo que los miembros del jurado que lo lean se quedarán fundamentalmente con la idea siguiente: una pareja, él hombre golpea a la mujer y ella muere. Además usted podrá aportar aquéllas imágenes o simulación en un vídeo en el que se muestre cuál es la región temporo-parietal izquierda y la fronto parieto temporal izquierda para poder describir, explicar la región afectada por el objeto y la trayectoria de este durante el hecho, la concreta lesión causada y así, la razón del traumatismo encefálico severo que causó la muerte. “

Nuestra interlocutora aporta otro ejemplo de claridad:  : en lugar de hablar de causas de abstención, y en su caso, de recusación -art. 219 LOPJ- en el cuestionario que deben cumplimentar los candidatos a jurado (que tiene varios cuadernillos, una hoja complementaria sobre los datos de la cuada y un sobre para devolución de los cuestionarios), se expresa (en el apartado quinto del cuadernillo B): tras un recuadro, lo siguiente:

“No tengo ninguna relación con las personas implicadas en el asunto para el que he sido designado como jurado y cuyos nombres figuran en la hoja que me ha sido facilitada. Tampoco tengo interés en el asunto, ni formado juicio sobre la culpabilidad o no culpabilidad de los acusados”.

 Son estos los términos con los que los miembros del jurado le comprenderán y podrá centrarse en la mejor defensa, acusación o dirección, ya sea abogado, fiscal o magistrado-presidente.

Visión de la cuestión desde una Fiscal

Beatriz Prado Benayas, Fiscal de la Fiscalía de Alcalá de Henares, ha ayudado mucho en este evento. A lo largo de cada una de sus fases ha ido explicando cómo se encajaba una con la otra. Esta es parte de su reflexión sobre el jurado y la comunicación que debe recibir: “ Una carta del juzgado...¿y esto? Si no tengo nada pendiente...”. Sorpresa. Estupor. “¿Que forme parte de un jurado? ¡Pero si yo no sé nada de Derecho!”. Esta será probablemente la reacción de la mayoría de los ciudadanos que reciban en su domicilio una carta del juzgado avisándoles de la obligación-derecho que están llamados a ejercer “

Para esta jurista es evidente que “. sin embargo, en un primer momento pesa más esa obligación que el legítimo derecho de hacer justicia, o al menos intentarlo. De este modo, son diversas y muchas veces insólitas las excusas alegadas por el candidato. Muchas, la mayoría, legítimas, fundadas y justificadas. Otras... propias de niño que no quiere ir al colegio el día que no se sabe la lección. “

 

Nuestra interlocutora recuerda que tras “ haber superado con éxito (para algunos con desgracia) la primera fase de selección, llega el día de la elección de los once ciudadanos (nueve titulares y dos suplentes) a los que se les impone el deber y se les permite disfrutar de su derecho de hacer justicia.”

Y pregunta el Fiscal “¿qué le parece a usted la idea de formar parte de un jurado?”. Aquí las respuestas son diversas. Unos contestan animosos, incluso con ilusión. Otros resignados y temblorosos, “si no hay más remedio...”. Comienzan las sesiones, generalmente más de una, mañana y tarde, jornadas durante las cuales, los once ciudadanos elegidos abandonarán sus tareas cotidianas para desempeñar otra con la que no contaban.

Beatriz reconoce que los ciudadanos convertidos en jurado se van relajando a la vez que se van metiendo en la “historia”. “Van transcurriendo las horas, se van sucediendo los testigos, los peritos... y mientras, los miembros del jurado se van conociendo, compartiendo comidas y recesos en los que sólo hablan de su “misión”. Los nervios del inicio quedan lejos y ya tienen claro cuál es la función que han de desempeñar y, en ocasiones, hasta su veredicto. “

Cuando finaliza el juicio, “inician la deliberación con la consiguiente incomunicación y llega el momento de emitir su veredicto. Han cumplido con su obligación. Abandonan el edificio con la sensación de irse con el deber cumplido. A lo que inicialmente se veía únicamente como un deber, finalmente se le une la satisfacción de haber colaborado en hacer justicia.”

Sentirse jurado por un día

Para Marta Retolaza, estudiante de ICADE Comillas la experiencia ha sido muy gratificante: “Una imagen vale más que mil palabras, dicen los fotógrafos y es cierto, no hay como la realidad, para ver la verdadera esencia de las cosas. Esto, por una tarde, fue lo que nosotros sentimos  simulando un juicio en la Semana de la Ciencia de la Universidad de Comillas. “

A su juicio, “todos creemos saber cuál es el papel de un Jurado Popular, por casos tan mediatizados como puede ser el de Asunta Basterra, en Santiago de Compostela. Pero en verdad, ¿entendemos cuál es la finalidad de que un médico, un ama de casa, un charcutero, un directivo de una empresa o cualquier español sin estudios sobre derecho, elegido al azar, pueda juzgar un caso de semejante transcendencia?”

Marta señala que “tras esa simple imagen de jurado popular que todos tenemos, fuente del boca a boca, se esconden  complejos procesos que permiten formar, a partir de gente ajena al derecho, equipos válidos para la mejor y justa resolución de un proceso.

“Pero ¿cómo descubrimos que esto se esconde detrás, si nadie nos lo explica con un ejemplo gráfico, asequible para todos los públicos?”, se pregunta.

Periodistas, profesores, alumnos, niños, jóvenes, adultos, todos fuimos invitados para experimentar por una tarde en nuestra propia piel, qué suponía formar parte de un juicio. “Cada día estudiamos horas y horas, hojas y hojas de información, que pasado el examen almacenaremos en nuestro “disco duro”, pero la impronta de un caso real se queda siempre a flor de piel”, apuntó.

Para esta futura jurista es necesario “una enseñanza que nos permita perder el miedo a lo que nos vamos a encontrar en la calle, fuera de los muros de nuestra facultad y de las tapas de nuestros libros, sin la ayuda de nuestros profesores. Hace falta, por supuesto, la enseñanza teórica que te permite adquirir conocimientos materiales para fundar nuestra base jurídica y nuestras capacidades como buenos juristas, pero... ¿y la necesidad de bajar a la arena y toparnos con un caso de verdad, con órganos jurisdiccionales reales y, en concreto en este caso, con las figuras del jurado popular, el ministerio fiscal y la defensa del acusado?”

En su opinión, ser jurado es algo muy importante: “por primera vez hemos sentido la responsabilidad de un caso en nuestras manos, y hemos podido sentir la satisfacción de haber ayudado a alguien de una forma justa o el vacío de comprobar como muchas veces, por más que nos pese, ello resulta imposible."

 

 

 
 
 

 

 

 
 
 
 
 
 
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