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Cuando oímos la palabra “moda” inmediatamente viajamos al fascinante
mundo de las revistas y pasarelas, como la recién terminada MBFWM (Mercedes
Benz Fashion Week Madrid). Todo ese engranaje de creadores, estilistas y
cuerpos idílicos vestidos a veces con piezas imposibles. En definitiva, la parte
que camina temporada a temporada de la mano del arte y el espectáculo.
Pero la realidad de la moda no se agota en un mero recreo para los sentidos.
Detrás de todo ese despliegue, hay un potente mercado que se alimenta de
creatividad y marketing. Un mercado que mueve millones de euros y, que como
otros sectores se encuentra expuesto a situaciones que lo hacen peligrar.
En el caso de la moda, falsificaciones e imitaciones, generan importantes
pérdidas a las firmas y marcas que realizan inversiones de dinero y talento para
ofrecer al consumidor en cada campaña su personal visión de la sociedad,
expresada en el lenguaje de la moda, a través de su propia identidad para, no
pocas veces, ver frustrados buena parte de los beneficios esperados. Pero no por
el fracaso de la propuesta expuesta, que ya es en sí todo un riesgo, sino por el
uso que terceros ajenos a dicha inversión y riesgo hacen de la misma una vez
tienen constancia de su éxito.
Proteger el nombre, la denominación de origen y el logotipo, que nos identifica
y diferencia de la jungla mercantil, es algo que todos hacemos a nivel nacional,
algunos también a nivel comunitario y los menos, no todos alcanzan ese mercado,
a nivel internacional. Pero el sello de identidad de una marca de moda no solo
es solo su nombre, también lo es su producto y es, en ese punto donde más se
desconocen las propuestas de las que dispone el marco jurídico para su
protección.
Cada modelo que se crea en moda, soporte de los valores de la firma o marca, es
en sí un diseño industrial, que nos diferencia de la competencia. Tres figuras
básicas nos amparan: los plazos de prioridad de exposición, el diseño no
registrado, con una cobertura de tres años, y el diseño registrado con una
cobertura de 25 años.
Pero no todo es tan sencillo. A menudo la protección de un diseño de moda es una
cuestión a menudo polémica por la disyuntiva que se le plantea al creador. De
una parte, la copia en el mundo de la moda está a la orden del día,
especialmente en el sector de complementos y firmas innovadoras por sus
patrones, estampados o prendas. Para poder defenderse, es aconsejable proteger y
las vías son diversas.
Pero de otra parte, el mundo de la moda cada vez es más fértil y aquellas dos
colecciones de hace unos años (primavera-verano y otoño-invierno) se han
convertido en una innovación constante bajo el paraguas de colecciones
crucero o similares. Además, dentro de cada colección el número de diseños
puede ser realmente elevado y el coste de proteger una colección cuya vigencia
va a ser tan solo de unos meses es un poderoso argumento para decidir no
registrar. El diseño no registrado es por ello una opción y un derecho que
invocar frente a una copia y a un tribunal pero no siempre es suficiente,
especialmente para ciertos diseños que permanecen en el tiempo.
También existe una protección por propiedad intelectual que no debe olvidarse
pues los derechos de propiedad industrial (marcas, patentes, diseños) son
compatibles con los derechos de propiedad intelectual. No obstante, la
dificultad de invocar el derecho de autor en el mundo de la moda reside
precisamente en lo que se puede considerar o no objeto de propiedad intelectual:
parece indiscutible que algunos diseños tienen un sello de autor tan
indiscutible que se pueden considerar verdaderas obras intelectuales. Pero,
¿podríamos considerar una colección completa como objeto de propiedad
intelectual? Necesitaríamos matizar muchos aspectos que no son objeto de este
breve artículo.
En definitiva, un sector tan poderoso como es la industria de la moda no puede
darle la espalda a los derechos de los creadores y de las propias empresas
contando no sólo con las herramientas legales que ya existen sino también con el
apoyo de los tribunales y la concienciación de los consumidores que a menudo
tienen la responsabilidad de elegir entre un artículo original y una copia. |