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Desde hace unos años, en especial desde que salieron a la luz pública casos como
los de Fórum Filatélico y Afinsa en España o el caso Madoff en Estados Unidos,
cada cierto tiempo se viene hablando de las estafas piramidales, ya que parece
ser un “negocio” muy lucrativo y con muy poco riesgo para aquellos que lo llevan
a cabo, a pesar del enorme perjuicio que generan y de la amplia variedad de
delitos que cometen.
Es interesante explicar qué son este tipo de estafas, en qué consisten, en cómo
las personas y empresas consiguen llevarlas a cabo, y, especialmente, en cómo es
posible que las víctimas, en la era de la información y de los medios de
comunicación, caigan en el engaño a pesar de parecer éste evidente.
Estas estafas están directamente vinculadas con la empresa o persona que
pretende llevar a cabo el fraude. Y, en algunas ocasiones, la razón del
nacimiento de la misma puede ser precisamente llevar a cabo este tipo de engaño.
Aunque en otras, simplemente se trata del hecho de que la empresa no da los
beneficios esperados, y por no querer admitir el fracaso, termina convirtiéndose
en un entramado piramidal.
Su esquema es muy sencillo, siendo su estructura como una pirámide, en donde
encontramos en la parte superior al fundador o fundadores de la compañía. En la
parte intermedia se situarían los primeros inversores, que serían un porcentaje
no muy elevado de personas, y en la parte inferior tendríamos a un gran número
de personas, superior al anterior, que han invertido su dinero como consecuencia
de las sugerencias y consejos de los inversores de la parte intermedia.
La persona o personas que están en la cúspide de la pirámide son las que urden y
montan este timo. Serán las mayores beneficiadas de estas estructuras, y las
responsables penal y civilmente de un importante número de delitos, que abarcan
desde el tipo básico, cual es la estafa, pasando por la falsedad documental o el
alzamiento de bienes, hasta delitos societarios.
El fundador invita a otras personas a formar parte de este gran negocio que
promete proporcionar importantes beneficios, con un riesgo prácticamente nulo,
superior a cualquier otro ofrecido en el mercado financiero. Además, hay que
tener en cuenta que esa o esas personas que están en la cima de la pirámide, no
tienen porqué tener necesariamente conocimientos económicos o financieros,
aunque sí darán la apariencia de poseerlos.
Por ello, en este primer momento, nos encontramos a esas personas de la cúspide
que reciben las inversiones iniciales, y a una serie de primeros inversores que
sí reciben los beneficios prometidos. Y es a partir de aquí cuando empieza a
crecer este “negocio” tan lucrativo, ya que estos inversores se lo comentan a
otras personas, siendo éstas muy cercanas, como familiares, amigos o socios,
para que, a la vista de lo bien que les ha ido a ellos, inviertan también. Este
segundo grupo de personas, que si la estafa se prolonga mucho en el tiempo se
sumarán a la parte intermedia de la pirámide, pican debido a la facilidad de
conseguir importantes sumas de dinero, que, como hemos dicho antes, no se
ofrecen en el mercado financiero, y además, con la convicción de que el riesgo
es mínimo. Por ello, y sin comprobar si la empresa está regulada o apoyada por
alguna institución financiera, a nivel nacional o internacional, invierten sus
capitales. De este modo, el negocio va creciendo, sumándose cada vez un mayor
número de inversores y de capital.
Al ser la estructura piramidal, los primeros inversores van recuperando el
dinero invertido, y, además, obteniendo los beneficios prometidos. Haciéndolo
posteriormente los siguientes por orden de entrada, teniendo en cuenta que
cuanto más cerca estén de la cúspide, mayores serán sus ganancias.
Solamente aquellas personas que se encuentran en la cúpula saben realmente lo
que ocurre: que el dinero no se está invirtiendo en nada, que no existe ningún
producto, sino que el negocio consiste en pagar a los inversores anteriores con
el dinero de los posteriores.
Esta pirámide va a experimentar un crecimiento exponencial, ya que cada nuevo
inversor va a invitar a más personas a participar, por lo que se creando una
gran red, que le supone a cada inversor una mayor rentabilidad. Aunque es
importante señalar llegados a este punto, que estos inversores actúan de buena
fe, ya que ignoran el entramado piramidal, y han sido unas víctima más de esta
estafa.
El sistema se empieza a colapsar cuando no es capaz de captar a nuevos clientes,
y, por lo tanto, llega un momento en que hay más inversores antiguos que nuevas
inversiones. Los primeros en sospecharlo y darse cuenta, venden su parte y
recuperan su dinero, además de los dividendos que ya habían obtenido. Pero el
resto se queda sin nada, siendo los más perjudicados los últimos en llegar, que
han invertido su dinero pero no han recibido nada de los intereses prometidos y
ni siquiera recuperarán su inversión inicial.
Al inicio señalábamos que nuestro país no es ajeno a este tipo de estafas, ya
que además de las citadas Forum Filatélica o Afinsa, existieron los casos Sofico
y Gescartera, o en los últimos tiempos, un caso que está empezando a cobrar
importancia es el de la empresa LibertàGià, de Rui Pires Salvador, del cual se
han empezado a hacer eco los principales medios de comunicación, y que podrían
estar afectados cientos de personas en España.
Esta empresa ofrecía rentabilidades anuales que podían llegar hasta el 350%,
unas ganancias que ninguna entidad ni empresa financiera que operara legalmente
podría prometer y ni tan siquiera acercarse lo más mínimo. No contaba con ningún
tipo de apoyo financiero o institucional, por lo que actualmente el dinero de
esas inversiones se ha esfumado, sin haberse pagado esos beneficios prometidos,
y los primeros afectados empiezan a tomar acciones legales.
Ante este tipo de situaciones, la mejor estrategia es asociarse con las demás
víctimas de la estafa, para así obtener mejores resultados, ya que nuestro
vigente Código Penal, en su artículo 250, contempla un tipo agravado para estos
tipos punitivos, llegando la pena de prisión hasta los seis años. Ello sin tener
en cuenta que seguramente se hayan cometido otros tipos delictivos, como
indicábamos anteriormente.
En cualquier caso, debemos ser cautos cuando una empresa nos ofrezca unos
beneficios demasiado elevados con respecto a los demás productos que son
ofrecidos en el mercado en ese momento. Y si nos decidimos a invertir nuestro
dinero, debemos hacer primero las comprobaciones necesarias para asegurarnos de
que esa empresa funciona de manera legal e informarnos de cómo opera, ya que hay
algunas características típicas de estas estafas que nos indican que nos
encontramos ante una, como, por ejemplo, que exista un período de permanencia
obligatoria con penalizaciones excesivas por retirar el capital antes del
vencimiento, que existan importantes comisiones para los que captan nuevos
clientes o que su sede esté ubicada en un paraíso fiscal. Así que, ante la duda,
es mejor no invertir para evitar problemas futuros. |