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Cuando nuestros clientes, ya sean personas físicas o jurídicas, tienen un
problema o piensan que se puede avecinar uno importante, necesitan respuestas,
soluciones, orientación y, sobre todo, confianza para poder gestionar una
situación que les puede generar incertidumbre.
Etimológicamente, la palabra “abogado” proviene de advocatus que
significa “llamado en auxilio”, por lo que nuestra profesión, necesariamente
implica un servicio cuya misión es solucionar los problemas de los demás.
Hoy día vivimos en un mundo en el que todo fluye a una velocidad difícil de
asimilar: la inmediatez de la información, la cantidad de datos que recibimos
diariamente, la infinidad de fuentes a consultar, las diferentes vías de
comunicación a nivel global, los avances de la tecnología, etc. Todo esto ha
influido enormemente a todos los niveles: en la forma de trabajar, de contratar,
de relacionarse profesional y socialmente, de pensar y hasta en la forma de
delinquir.
A medida que la globalización ha ido avanzando, no hemos tenido más remedio que
ir adaptándonos a los constantes cambios y hacernos más flexibles, más
accesibles y más especializados.
El sector asegurador no iba a ser menos. Es un mundo dinámico en el que cada día
somos testigos de ciertos movimientos que nos lo confirman. Nuestros clientes se
hacen más grandes y globales, lo cual no sólo se refleja en sus balances, sino
también en sus problemas y siniestros.
Prestar un servicio óptimo es todo un
reto teniendo en cuenta que la realidad legislativa evoluciona
más lentamente que el mercado, que
convivimos con legislaciones supranacionales y que las interpretaciones
jurisprudenciales también cambian cada cierto tiempo.
Por
ello, hoy día para ser competitivos hay que estar enfocados a un mercado global
y ofrecer un servicio especializado. Puede ocurrir (y ocurre) que uno de
nuestros clientes tenga un siniestro que consiste en un accidente ocurrido en
un país con gran número de perjudicados de diferentes nacionalidades y que las
reclamaciones puedan iniciarse en varias jurisdicciones, o que se vaya a
iniciar, por ejemplo, un arbitraje en Londres pero aplicándose la ley chilena,
porque así se ha estipulado en el contrato.
La
especialización de un despacho como el nuestro, especializado en particular en
el sector asegurador, ofrece importantes ventajas a los clientes por los
siguientes motivos:
1.
Permite comunicarse en el mismo
lenguaje:
cuando una compañía aseguradora, nacional o extranjera, nos encomienda un asunto
y nos habla de cuestiones técnicas de pólizas, límites, sublímites, cláusulas
claims made, “unión y mezcla”, el slip de reaseguro, etc., somos capaces de
identificar inmediatamente lo que nos está pidiendo. Esto permite que la
comunicación sea mucho más fluida y eficiente.
2.
La capacidad de reacción es
inmediata:
un siniestro no es sólo un accidente sin más, sino que hay que tener en cuenta
innumerables aspectos sobre los cuales las compañías necesitan ser asesoradas:
legislación aplicable, jurisdicción, partes implicadas y su responsabilidad,
cuestiones de cobertura, quantum, posibles vías de reclamación y costes
inherentes a cada una de las alternativas que proponemos. La especialización nos
facilita esta labor y, en caso de no poder dar una respuesta inmediata a todo lo
que necesitan, sí podemos ofrecerles un mapa general de la situación y posibles
vías de actuación.
3.
Hace posible prestar un servicio
más completo:
ser especialistas en una rama del Derecho, en nuestro caso en Seguros, nos
capacita para dar a nuestros clientes un asesoramiento más completo, ya que no
sólo podemos identificar el problema, sino recomendar soluciones y alternativas
e incluso adelantarnos a los acontecimientos. Un conocimiento especializado nos
permite ir un poco más allá de lo que se ve a simple vista.
4.
Se garantiza la misma calidad a
nivel global:
las compañías apuestan por despachos que ofrecen servicios a nivel global y que
garantizan la misma calidad en el servicio, sea cual sea el abogado o la oficina
que lleva su asunto, ya sea de México, Colombia o Madrid.
5.
Transmite confianza:
la base de la relación cliente-abogado se basa en la confianza y por ello
considero esencial que nuestro trabajo transmita confianza y seguridad al
cliente, que se sienta tranquilo al encomendarnos su caso. Ello se consigue con
un trato personalizado, siendo proactivos, contando con equipos altamente
formados y cualificados y respondiendo a lo que necesita el cliente en cada caso
concreto.
La
experiencia en el ejercicio de la abogacía me ha demostrado que el mejor
complemento para la especialización es una buena base. Ante todo, somos juristas
y debemos tener la capacidad de dar respuestas y de buscar los recursos para
darlas, no sólo a cuestiones de seguros, sino también procesales, de derecho
inmobiliario o cualquier otra que nos puedan plantear.
Aquí
radica la importancia de tener un buen equipo y saber trabajar de forma
coordinada, no sólo entre departamentos, sino también con las demás oficinas que
tenga el despacho repartidas por el mundo.
En
definitiva, buscamos ofrecer el servicio especializado que requieren las
empresas para darles las soluciones que necesitan y acortar, en la medida de lo
posible, la vida del siniestro. |