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Como los peces de colores en un estanque dicen que traen mala suerte, las
críticas con ideales de objetividad suscitan interpretaciones erróneas.
La crítica a un sistema de políticas tributarias -como las recientemente
adoptadas en España-, cuando se limita a señalar las carencias de tales medidas
o el hartazgo de quienes las padecen, no pretende un posicionamiento ideológico,
sino incidir sobre los errores cometidos con la sana intención de intentar
mejorar el sistema.
Quien con su lectura establece paralelismos con determinados movimientos
políticos o asimetrías respecto a otros, sólo reafirma la pésima formación en
valores y conocimiento que sufre la sociedad española en los últimos años,
carencia que con el paso del tiempo agrava sus consecuencias y nos acerca al
analfabetismo funcional.
Las promesas contenidas en los programas políticos, en las campañas electorales,
en las luchas de poder y en los populismos efervescentes no son más que promesas
vanas, de fácil olvido. En el ejercicio del poder ejecutivo, la potestad
legislativa y en el respeto de la independencia del poder judicial se reflejan
los intereses y la valía reales de nuestros políticos.
Al poder judicial lo saturan con sus escándalos, tanto los que pertenecen al
partido gobernante, como la mayoría parlamentaria en la oposición y las minorías
exultantes. Dejando para otro momento el análisis sobre su independencia, habrá
que incidir en el Respeto: a la legalidad a la que estamos sometidos todos y
cada uno de los habitantes del Estado español y al proceder en la labor que
corresponde a los jueces.
En el ejercicio del poder ejecutivo, todos ellos, con independencia del color de
su panfleto, relegan al rincón del olvido las necesidades reales y objetivas
para conseguir que esta España agónica salga del umbral de la quiebra sin
hipotecar el futuro de demasiadas generaciones. Exceso de empresas públicas sin
gestión ni control como mal necesario para colocar y recolocar a los favorecidos
o a los favorables, exceso de asesores, técnicos y cargos públicos que, entre
todos, no suplen la falta de conocimiento y preparación de quienes nos gobiernan
ni de quienes pretenden gobernar.
Y en el ejercicio del poder legislativo, se dictan normas sin dejar secar la
tinta de las anteriores, sin analizar las consecuencias de su aplicación a largo
plazo, sin entender lo que se redacta ni cuidar el lenguaje que se utiliza, sólo
atendiendo a modas, intención de voto o como medio de aplacar las voces de
grupos parlamentarios que al dar su apoyo en la votación justificarán su
existencia y sus sueldos.
En definitiva, tantos años de intereses partidistas y personales han generado
una sociedad que interpreta el análisis técnico de determinadas medidas
tributarias como un posicionamiento ideológico. Y nuestros políticos, causa y
fiel reflejo de esta sociedad, en lugar de entender y en lo posible enmendar,
como los peces de colores seguirán dando vueltas en el estanque, enturbiando
las aguas. |