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Nos
montamos
en
el
taxi
el
profesor
Adam
Dubin
y yo
y le
mostramos
al
conductor
la
dirección
en
caracteres
chinos
(esto
siempre
hay
que
hacerlo
porque
allí
ningún
taxista
habla
inglés
o es
capaz
de
averiguar
una
dirección
que
no
esté
en
chino).
Como
es
habitual,
el
taxista
se
dedica
a
estudiar
esos
caracteres
durante
un
rato.
Lo
hace
con
detenimiento,
casi
con
mimo,
hasta
el
momento
que,
como
siempre,
sin
ninguna
razón
especial,
empieza
a
gritar
como
si
estuviera
enfadado
con
la
dirección
o
con
nosotros,
como
si
le
pareciera
mal
que
fuéramos
allí.
Nos
gritaba
algo
en
chino
que
la
primera
vez
me
asustó,
pero
ahora
me
hacía
reír,
me
parecía
gracioso
ver
a
aquel
hombre
enfadado
con
una
dirección
e
increpándonos
en
un
idioma
en
el
que
no
entendíamos
nada
de
nada.
Nuestra
única
respuesta
era
OK
(dicho
oké)
y
aferrarnos
al
taxi
para
que
nos
llevara
a la
dirección.
Porque
en
China,
tanto
en
Pekín
como
en
Shanghái,
es
muy
difícil
coger
un
taxi.
Todos
van
llenos
o en
otra
dirección
y
esto
además
de
ser
metafórico
de
otras
cosas
que
pasan,
complica
un
poco
la
vida
allí.
En
el
caso
de
China
podríamos
discutir
sobre
si
es
la
primera
economía
del
mundo
o la
segunda,
pero
no
mucho
más.
Es
más
que
un
gigante,
es
más
que
una
potencia
del
futuro...
es
un
país
que
repercute
en
todo
el
globo.
Y es
un
país
muy
muy
grande,
con
muchas
muchas
personas
y
muy
muy
diverso.
De
todo
hay
en
China,
aunque
con
cierta
miopía
a
veces
creamos
desde
Europa
que
todos
los
chinos
son
iguales,
que
toda
la
comida
china
es
la
misma,
que
el
chino
es
un
único
idioma...
Por
ejemplo,
hay
montones
de
Universidades
de
todo
tipo
de
categorías,
prestigios
y
pelajes,
con
una
diferencia
abismal
entre
las
buenas
y
las
malas.
El
Derecho
es
crecientemente
una
profesión
prestigiosa,
aunque
no
siempre
ha
sido
así,
ni
es
entendido
por
todo
el
mundo
cuál
es
el
valor
añadido
que
aporta
un
abogado.
Pensemos
que
China
es
un
país
que
ha
experimentado
un
crecimiento
económico
rapidísimo
y
que
hasta
hace
muy
poco
era
más
bien
rural.
Es
decir,
muchos
de
los
rutilantes
hombres
de
negocios
de
hoy
eran
campesinos
e
hijos
de
campesinos
y en
ocasiones
les
cuesta
entender
porqué
un
asesoramiento
legal
es
más
caro
que
otro.
A
veces
parecen
personas
muy
pegadas
a lo
tangible,
que
están
dispuestos
a
pagar
más
por
un
coche
en
función
de
los
extras
o la
cilindrada
del
motor,
pero
que
no
están
dispuestos
a
pagar
más
por
un
asesoramiento
legal
que
por
otro.
En
las
Facultades
de
Derecho,
como
en
Corea,
se
nota
una
gran
presencia
estadounidense.
Muchos
de
los
profesores
se
han
educado
en
Universidades
americanas
y
tienen
un
LLM
y
además
muchísimos
alumnos
chinos
van
todos
los
años
a
Estados
Unidos.
En
las
Universidades
americanas
se
está
produciendo
una
tremenda
mercantilización
de
la
educación,
lo
que
se
nota
en
que
van
a
China
a
captar
alumnos,
para
los
que
diseñan
cursos
exclusivos
para
ellos,
una
especie
de
Derecho
americano
al
gusto
chino.
La
visión
es
muy
distinta
a lo
que
hacemos
en
Europa,
donde
no
se
trata
de
«importar»
alumnos
chinos,
sino
de
establecer
intercambios...
y no
nos
miran
con
la
desconfianza
con
la
que
ven
a
los
americanos
que
parece
que
les
quieren
timar
«como
a
chinos»,
para
enjuagar
sus
cuentas.
No
puedo
eludir
que
China
es
un
país
fuertemente
autoritario.
Por
un
lado
es
un
país
muy
seguro,
donde
por
ejemplo,
según
me
contaron,
más
del
90 %
de
los
objetos
perdidos
en
Pekín
se
recuperan
por
sus
dueños.
En
Pekín
la
seguridad
es
total,
en
todos
los
sentidos.
En
todas
las
Universidades
hay
una
presencia
de
miembros
del
partido
que
tienen
despachos
allí.
Y en
la
calle
escuchamos
las
cosas
que
se
dicen
en
todas
las
dictaduras:
alguno
nos
dice
socarronamente
que
los
telediarios
son
en
blanco
y
negro:
lo
de
fuera
es
todo
negro
y lo
de
dentro
todo
blanco
y la
admonición
constante
de
que
«lo
que
hay
que
hacer
es
trabajar
y no
meterse
en
política».
Quizás
son
nuestros
alumnos
los
que
más
se
sorprenden
cuando
les
encargan
el
primer
trabajo
y
tienen
que
hacerlo
sin
poder
consultar
Google
o
cuando
descubren
que
no
funciona
Facebook...
Pekín
es
un
ciudad
claramente
china
con
más
de
20
millones
de
habitantes.
Salvando
mucho
las
tremendas
distancias,
Pekín
podría
ser
a
Shanghái
lo
que
Washington
es a
Nueva
York.
Con
esto
quiero
decir
que
Pekín
no
es
la
capital
financiera
de
China,
pero
sí
la
capital
política
y
militar
(siendo
esto
último
muy
importante
en
un
país
donde
el
ejercito
es
una
institución
fundamental).
La
presencia
de
soldados
por
las
calles
y la
constante
recreación
de
«lo
político»
puede
resultar
cargante.
Pekín,
al
ser
menos
cosmopolita
que
Shanghái,
también
es
más
«china»,
tiene
más
sabor
local.
Siguen
existiendo
los
hutong
que
son
callejones
que
nacen
de
las
calles
principales
y
dentro
de
los
cuales
se
apiñan
casitas
que
quizás
no
tengan
acceso
ni a
la
electricidad
y en
los
que
la
vida
puede
ser
dura.
En
Pekín
nos
reunimos
con
las
Facultades
más
importantes
con
las
que
ya
tenemos
relación
o
habíamos
establecido
un
previo
contacto.
Igualmente
tuvimos
la
suerte
de
ver
al
Embajador
de
España
D.
Manuel
Valencia
Alonso
y
visitamos
las
oficinas
de
Uría
y de
King
Wood.
Y,
como
siempre,
a
los
alumnos
que
tenemos
allí.
Lo
que
habían
aprendido
en
unos
meses
no
cabría
en
enciclopedias
enteras.
Llegar
el
primer
día
a un
Colegio
Mayor
Internacional
y
descubrir
que
internacional
supone
compartir
habitación
con
un
coreano,
un
japonés,
un
kazajo...
y
que
ninguno
sabía
inglés.
Conseguir
cambiarse
de
habitación
y
encontrarse
a un
estudiante
cocinando
un
pato
en
la
ducha...
Que
la
magnifica
profesora
de
WTO
diera
clase
en
el
parque
los
días
que
hacía
buen
tiempo...
En
fin,
horas
de
conversación
y la
convicción
de
que
cada
día
habían
aprendido
algo
importante.
Y a
mí
me
queda
claro
que
esos
jóvenes,
tras
esa
experiencia,
serán
mejores
juristas
que
si
no
la
hubieran
tenido.
Shanghái
es
un
gran
contrapunto
con
Pekín.
Se
parece
en
el
tamaño
(más
de
21
millones
de
habitantes)
y en
ser
china...
pero
en
todo
lo
demás
es
diferente.
Es
un
gran
centro
de
negocios,
una
ciudad
financiera.
El
skyline
de
Pudong
no
tiene
nada
que
envidiar
a
Manhattan,
sobre
todo
teniendo
en
cuenta
la
juventud
de
todos
los
edificios.
En
Shanghái
visitamos
las
Facultades
de
renombre
internacional
con
sus
campus
de
sabor
americano.
En
cuanto
a
despachos,
en
Shanghái
están
presentes
la
mayoría
de
los
españoles
(salvo
Uría
que
está
en
Pekín)
y
visitamos
Cuatrecasas,
Garrigues,
Baker
y
King
Wood.
He
de
decir
que
siempre
me
sorprende
la
fabulosa
internacionalización
de
nuestros
abogados.
Muchos
de
ellos
llegaron
allí
con
muy
poquito
y,
compitiendo
contra
todo
lo
que
se
ponga
por
delante,
van
sacando
operaciones
cada
vez
más
complejas.
Y
todos
recuerdan
las
primeras
operaciones,
porque
cuando
ya
tienes
varias
en
cartera
es
más
fácil
mostrar
un
recorrido
y
resultar
confiable,
pero
al
principio,
con
solo
un
nombre
que
allí
apenas
dice
nada,
consiguieron
ganarse
la
confianza
y
ser
dignos
de
ella
con
su
buen
hacer.
Creo
que
podemos
estar
muy
orgullosos
de
la
presencia
de
los
juristas
españoles
en
el
campo
global
y lo
que
haga
mi
institución
por
ayudar
a
que
crezca
será
para
mi
un
motivo
de
orgullo
también.
En
fin,
para
que
mis
amigos
de
Lawyerpress
no
tengan
que
cortarme
estas
líneas,
acabo
ofreciéndome
a
contar
todos
los
detalles
de
los
que
me
acuerde
a
quien
le
interese
y me
atrevo
a
concluir:
sabiendo
la
importancia
de
China
y
Corea
en
el
mundo
global,
nosotros
tenemos
que
estar
allí.
No
podemos
no
estar.
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