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Las Universidades tenemos que
estar
a la
cabeza
de
la
innovación
y de
la
vanguardia
intelectual,
cultural
y
profesional
y
para
ello
tenemos
que
esforzarnos
por
realizar
un
diagnóstico
claro
de
hacia
donde
vamos
como
sociedad
y
saber
anticiparnos.
Hoy,
lo
mejor
que
podemos
ofrecer
a la
sociedad
y a
nuestros
estudiantes
es
una
formación
en
valores,
que
tenga
en
el
frontispicio
la
profesionalización
y la
internacionalización.
Este
es
el
relato
de
un
viaje
de
dos
profesores
universitarios
Adam
Dubin
y el
propio
Iñigo
Navarro
para
mantener
los
lazos
de
colaboración
con
sus
homólogos
de
Corea
y
China.
Esta
es
la
primera
entrega
de
un
viaje
apasionante
Los
abogados
no
sólo
tienen
que
poder
expresarse
en
otros
idiomas,
también
es
necesario
que
tengan
capacidad
de
interrelación
con
otras
culturas,
que
sepan
desenvolverse
con
soltura
en
otros
países.
No
es
aceptable
que
pueda
haber
un
abogado
que
nunca
haya
salido
de
su
barrio
(aunque
este
sea
el
barrio
de
Salamanca)...
Conocer
las
reglas
de
educación
de
la
city
de
Londres
o
saber
comer
con
palillos
orientales
forma
parte
del
bagaje
de
todo
buen
abogado.
Un
abogado
tiene
que
saber
cómo
se
hacen
los
negocios
en
otros
países.
Desde
las
cuestiones
más
puramente
culturales,
como
mirar
con
detenimiento
y
casi
delectación
la
tarjeta
de
visita
que
nos
ofrece
cualquier
persona
de
China
o
Corea,
hasta
las
más
económicas.
Hay
que
saber
cómo
se
toman
las
decisiones
en
las
empresas,
qué
es
lo
más
importante
para
ellos,
qué
analizan,
como
negarse
a
algo
(en
cada
cultura
esto
se
hace
de
forma
diferente
y lo
que
es
normal
en
Nueva
York,
puede
resultar
agresivo
en
Seúl),
cómo
pedir
un
favor,
cuánta
paciencia
hay
que
tener
al
revisar
un
documento,
a
partir
de
qué
número
de
revisión
podemos
empezar
a
pensar
que
el
documento
saldrá
adelante...
|
En Corea visitamos las Facultades de Derecho más prestigiosas en los ranking internacionales, pues no hay que olvidar que nosotros estamos en el listing del Financial Times y eso nos da un caché. |
El
mundo
actual
es
VICA
(volátil,
incierto,
complejo
y
ambiguo).
Dentro
de
la
complejidad,
lo
que
ocurre
en
la
otra
punta
del
globo
nos
afecta,
igual
que
lo
que
ocurre
aquí
también
afecta,
más
allá
de
lo
que
creemos.
Pero
esto
es
todavía
más
verdad
si
tenemos
en
cuenta
a
China
y
Corea.
Cualquier
cosa
que
ocurra
en
esos
gigantes
nos
influye
con
la
misma
intensidad
con
la
que
nos
impacta
su
descomunal
producción
de
bienes
de
consumo
(baste
con
revisar
nuestro
armario
o
nuestro
escritorio
buscando
cuántas
cosas
son
made
in
China
o
made
in
Corea).
Con
todo
lo
anterior
en
mente,
el
Profesor
Adam
Dubin
y yo
hicimos
un
viaje
por
Corea
y
China
para
estrechar
lazos
con
nuestros
socios
y
establecer
nuevos
contactos.
Las
formas
de
colaboración
en
la
formación
que
nosotros
buscamos
tienen
muchas
posibilidades:
intercambios
de
alumnos
y
profesores,
dobles
títulos,
cursos
conjuntos,
investigaciones
conjuntas...
Las
nuevas
tecnologías
ofrecen
facilidades
que
antes
eran
impensables.
Por
ejemplo,
en
el
campo
de
la
investigación
se
puede
plantear
un
Joint
Paper
entre
Profesores
especialistas
de
distintos
países
e
igualmente
es
muy
sencillo
realizar
un
programa
de
Co-teaching,
por
el
que
se
imparte
un
curso
seguido
por
alumnos
de
diversos
países
sin
que
tengan
que
desplazarse
y
que
cuenten
con
profesores
de
varias
instituciones.
También
se
pueden
programar
auténticas
Master
Class
en
las
que
un
profesor
de
gran
prestigio
puede
dictar
una
conferencia
que
se
siga
por
alumnos
en
otros
países.
Para
el
periplo
preparamos
una
apretada
agenda
con
citas
en
Facultades
de
Derecho,
con
nuestros
alumnos
que
están
allí
de
intercambio,
con
profesores
y
autoridades,
con
despachos
de
abogados
tanto
españoles
como
internacionales
y
locales
y,
por
supuesto,
citas
con
los
Embajadores
españoles
y
con
las
oficinas
comerciales.
Corea,
un
país
emergente
Para
saber
la
magnitud
de
estos
países
y
empezando
por
Corea,
basta
con
pensar
en
Samsung,
LG o
Hyundai
en
un
país
de
casi
50
millones
de
personas,
de
las
que
24
millones
viven
en
el
área
metropolitana
de
Seúl
que
es
un
impresionante
centro
industrial.
Según
la
revista
Forbes,
Seúl
es
la
sexta
ciudad
más
poderosa
del
mundo.
Corea
es
la
4ª
economía
más
grande
de
Asia
y la
13ª
del
mundo
y su
PIB
per
capita
es
de
30.000
$.
Desde
un
punto
de
vista
empresarial,
el
liderazgo
lo
tienen
los
conglomerados
conocidos
como
chaebol
(재벌)
que
dominan
todo
con
una
pujanza
y
una
innovación
impresionante.
Por
su
parte,
Seúl
es
una
ciudad
muy
segura
y
alegre,
quizás
con
una
alegría
un
tanto
inocente,
una
alegría
bondadosa,
como
la
que
desprenden
sus
habitantes
siempre
solícitos
a
ayudar
con
una
sonrisa
en
la
cara
(lo
que
es
diferente
a lo
que
ocurre
en
Pekín
que
fue
nuestra
siguiente
parada
y
quizás
por
el
contraste
me
acuerde
más
de
este
rasgo).
Aunque
la
ciudad
es
muy
segura,
hay
un
constante
constante
recordatorio
de
la
amenaza
norcoreana
que,
si
fuera
un
poquito
más
«conspiranoico»,
lo
achacaría
a un
objetivo
de
control
social.
La
educación
se
considera
crucial
para
el
éxito
en
la
vida
y la
presión
que
se
ejerce
sobre
los
estudiantes
para
que
sean
los
mejores
roza
lo
insoportable.
Hay
un
dicho
según
el
cual
para
ir a
una
Universidad
del
cielo
(de
las
buenas)
no
se
puede
dormir
más
de 3
horas.
Es
una
presión
tremenda
que
afecta
a
varios
momentos:
resulta
una
cuestión
casi
de
vida
o
muerte
el
ingresar
en
una
buena
Universidad,
para
lo
cual
las
calificaciones
anteriores
al
ingreso
son
determinantes
y
una
vez
dentro,
hay
que
«mantenerse
a
flote».
Esto
hace
que
muchos
alumnos
coreanos
no
tengan
ningún
interés
en
realizar
un
intercambio
fuera
de
su
país,
porque
con
lo
que
les
ha
costado
ser
admitidos
en
su
Universidad,
casi
ven
como
una
pérdida
de
tiempo
cualquier
periodo
que
pasen
fuera.
A lo
anterior
hay
que
añadir
que
la
rigidez
de
los
estudios
de
Derecho
en
Corea
complica
los
intercambios,
lo
que
puede
tener
como
resultado
indeseable
que
los
estudiantes
coreanos
salgan
a
estudiar
fuera
menos
de
lo
que
sería
aconsejable.
Un
país
con
el
empuje
y la
implantación
internacional
de
Corea
no
debería
permitirse
formar
a
sus
abogados
con
mucho
localismo,
so
pena
de
ser
dominado
en
el
ámbito
del
Derecho
por
otros
profesionales
de
otros
países
que
sí
tenga
una
formación
más
internacional.
En
Corea
visitamos
las
Facultades
de
Derecho
más
prestigiosas
en
los
ranking
internacionales,
pues
no
hay
que
olvidar
que
nosotros
estamos
en
el
listing
del
Financial
Times
y
eso
nos
da
un
caché.
Sus
campus
no
tienen
nada
que
envidiar
a
los
campus
de
las
Universidades
estadounidenses.
En
cuanto
a
instituciones,
tuvimos
la
suerte
de
conocer
al
Embajador
de
España,
D.
Gonzalo
Ortiz
Diez-Tortosa,
el
ICEX,
la
Seoul
Bar
Association
y el
despacho
de
abogados
King
Wood.
Los
alumnos
españoles
en
Corea
estaban
encantados
de
la
experiencia,
habían
recibido
ayudas
económicas
por
parte
del
Gobierno
por
el
mero
hecho
de
ir
allí
a
estudiar
y
les
trataban
a
cuerpo
de
rey,
según
nos
contaron.
Tener
20
años
y
hacer
un
semestre
de
la
carrera
estudiando
el
Business
Law
coreano
les
colocará
en
una
situación
inmejorable
para
competir
en
este
mundo
global.
Los
profesores
tienen
una
gran
influencia
estadounidense
y
muchos
de
ellos
han
cursado
LLMs
en
Universidades
americanas,
por
lo
que
conocen
sobradamente
además
de
su
sistema,
cómo
funciona
el
mundo
de
los
negocios
en
Estados
Unidos.
Sin
embargo
desconocen
el
Derecho
europeo
y
ahí
es
donde
tenemos
que
estar
nosotros,
junto
a
las
empresas
y
despacho
europeos
para
tender
puentes.
Y un
dato
curioso:
los
estudiantes
coreanos
que
van
a
venir
el
próximo
curso
conocen
al
dedillo
las
asignaturas
que
impartimos,
han
estudiado
los
horarios
e
incluso
los
profesores
que
las
dan
y me
hace
una
pregunta
que
me
hace
reír:
«Y
su
Universidad,
¿está
cerca
del
Bernabeu?
He
estudiado
el
plano
de
Madrid,
pero
no
me
hago
bien
idea
de
cuánto
se
tarda
de
ICADE
al
Bernabeu».
¡Toma
ya!
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