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La mediación ayuda a las personas y a las organizaciones con conflictos a
recuperar, por medio de la figura del mediador, la comunicación y un clima de
entente. En esta sociedad cada vez más inmediata, más tecnológica, el experto en
resolución de conflictos de la UOC Xavier Pastor apunta que «la mediación es
todavía más necesaria para llegar a un acuerdo». Y es que en las redes sociales,
donde cada vez hay más personas y cada vez se pasan más horas, ineludiblemente
se producen discusiones, tensiones y conflictos que el propio canal exige saber
cómo abordar y gestionar. «La mediación debe adaptarse a la sociedad
tecnológica», afirma el experto.
Con el objetivo de ayudar a los ciudadanos a encontrar una solución acordada y
hacer crecer su responsabilidad respecto a sus relaciones sociales y la
aparición de conflictos, Pastor explica que «las administraciones públicas
locales, los ayuntamientos, hace tiempo que aplican fórmulas de resolución de
conflictos y mediación». Se ha hecho mucho trabajo con el impulso de proyectos
realizados por profesionales de la mediación y con la creación de servicios
específicos, «pero la irrupción de las redes sociales y la magnitud de muchos
conflictos, como el de Can Vies en Barcelona, generan una serie de dudas sobre
una necesaria puesta al día de los instrumentos o dinámicas que se utilizan»,
añade el experto.
Según Pastor, en el caso de Can Vies «parecía que las dos partes hablaran en
lenguajes completamente diferentes, con unos posicionamientos que muchas veces
iban a remolque de la red y los acontecimientos». Este experto subraya que
«seguro que había contactos, pero el ruido generado alrededor dificultó todavía
más la mediación entre las partes».
Los peligros de la regulación de la mediación
«La regulación de la mediación ayuda a actuar en la resolución de conflictos,
pero también tiene sus peligros», advierte Pastor. El experto explica que «puede
limitar la práctica de la mediación, acotarla y evitar su expansión hacia otros
tipos de conflictos y contextos sociales», e incluso «reducir la posibilidad de
aplicar procedimientos complementarios que facilitarían la consecución de
acuerdos en conflictos que afectan, por ejemplo, al espacio público,
reivindicaciones políticas y de movimientos sociales, entre partidos políticos,
entre instituciones políticas, etc.».
Para Pastor «existe el peligro de que estas regulaciones al final determinen un
perfil concreto de profesional que solo aborde los conflictos que hoy las leyes
especifican, alejándose con el tiempo de las necesidades reales y reduciendo
también los conocimientos y competencias que estos mediadores y mediadoras deben
tener».
En Cataluña existen muchas personas formadas en resolución, gestión y mediación
de conflictos. Pastor explica que «el país dispone hoy en día de un grueso de
profesionales dispuestos a ayudar a resolver conflictos». Esta formación se ha
llevado a cabo desde diferentes universidades y cada una ha priorizado un
determinado tipo de conflictos de acuerdo con sus potencialidades académicas y
el nivel de conocimientos de sus profesores. Sin embargo, a raíz de las
regulaciones, este experto recuerda «el peligro de una formación que se
concentre en el método tal como se ha perfilado e imposibilite el aprendizaje de
otras fórmulas más efectivas para resolver un conflicto o para hacer exitoso el
proceso de mediación», lo que «puede empobrecer la calidad de la formación». En
este sentido, «la formación debería permitir preparar a un profesional para ser
capaz de dar respuesta a las nuevas necesidades sociales que van apareciendo».
Las tecnologías en este ámbito también contribuyen a la formación de mediadores.
Hoy en día existen herramientas virtuales, como el eLearn Court de la UOC, que
ayudan a simular procesos de resolución en línea por medio de la negociación, la
mediación, la conciliación y el arbitraje. |