Llevamos
poco
tiempo
con
la
Ley
de
Mediación
en
Marcha
y
todavía
nos
queda
mucho
camino
por
recorrer,
con
la
nueva
regulación
legal
hemos
pasado
de
cursos
de
Mediación
de
200
y
300
horas,
principalmente
presenciales,
a
cursos
de
100
horas
con
35
horas
presenciales
de
formación,
¡todo
un
avance!.
Las
universidades
ven
negocio
en
esto
y se
quieren
erigir
en
las
únicas
con
capacidad
suficiente
para
formar
mediadores,
esgrimen
que
su
formación
es
la
única
que
garantiza
calidad,
cuando
ninguna
de
ellas
es
capaz
de
aparecer
en
el
listado
de
las
cien
primeras
a
nivel
mundial.
Me
quedaba
perplejo
cuando
una
abogada
y
mediadora
parisina
decía
que
el
curso
que
se
iba
a
realizar
para
que
los
letrados
parisinos
conocieran
la
mediación
y
pudieran
asesorar
a
sus
clientes
y
acompañarlos
en
mediación
era
de
unas
120
horas.
Véase
que
en
uno
de
los
colegios
más
importantes
de
España
este
curso
es
de
8
horas.
¿Dónde
estamos?
Se
habla
mucho
de
mediación
y
mediadores
pero
la
realidad
es
que
la
mediación
privada
por
mi
experiencia
y
noticias
que
me
llegan
de
otros
compañeros
apenas
está
funcionando
en
España.
Por
lo
que
se
vé
están
funcionando
los
proyectos
de
determinados
juzgados,
principalmente
de
familia
en
la
que
algunos
juzgados
derivan
a
los
justiciables
a
mediación
de
forma
voluntariamente
obligatoria.
Ya
me
dirán
que
letrado
dice
de
primeras
a su
señoría
que
no
piensa
acudir
a
una
sesión
informativa.
Parece
que
nos
estamos
contentando
con
que
algunos
proyectos
de
los
juzgados
funcionen
al
albur
de
la
invitación
de
su
señoría
y
que
los
esfuerzos
públicos
estén
más
centrados,
más
que
en
divulgar
la
mediación
y
convencer
de
sus
bondades,
en
desatascar
algunos
juzgados
a
costa
del
sacrificio
de
los
mediadores
que
en
muchos
casos
no
cobran
por
su
trabajo.
Es
cierto
que
esta
labor
de
promoción
pública
en
los
inicios
es
importante
pero
no
podemos
quedarnos
en
ella,
pero
pienso
que
no
sobre
el
esfuerzo
de
los
mediadores
unicamente.
En
el
ámbito
privado
la
mediación
no
termina
de
arrancar,
debería
haberse
notado
un
incremento
significativo,
pues
muchos
abogados
y
asesores
de
empresa
se
han
formado
en
Mediación,
algunos
de
forma
voluntaria
y
otros
obligados
por
la
necesidad
de
seguir
siendo
administradores
concursales,
a
causa
de
la
mal
denominada
mediación
concursal,
introducida
por
la
Ley
de
Emprendedores.
Esos
profesionales
formados
o
que
al
menos
han
recibido
un
baño
de
lo
que
es
la
mediación
se
deberían
haber
convencido
de
las
bondades
de
la
misma
y
deberían
estar
convenciendo
a
sus
clientes
de
lo
interesante
que
debería
ser
acudir
a
este
procedimiento,
lo
que
debería
haberse
notado
en
un
incremento
de
la
misma.
Una
de
las
conclusiones
que
saco
es
que
los
formados
en
Mediación
ni
siquiera
envían
a
mediación
a
sus
clientes,
por
lo
que
la
formación
ha
sido
poco
convincente.
Uno
de
los
problemas
es
la
situación
del
mercado,
recientemente
me
decía
un
letrado
en
una
sesión
informativa,
que
él
también
tenía
que
comer
y
vivía
de
los
pleitos,
él
manifestaba
tener
muy
claro
el
procedimiento
y
que
su
cliente
saldría
exitoso
al
100
%, a
mí
me
parecía
un
procedimiento
que
dependía
del
perito
de
los
dos
que
intervendrán
gane
la
credibilidad
ante
el
juez,
y
otro
es
que
los
letrados
entiende
su
negociación
como
mediación.
Si
ellos
no
lo
han
conseguido
ya
no
lo
consigue
nadie,
olvidando
las
técnicas
del
mediador
y la
neutralidad
del
mismo.
Creo
que
es
necesario
una
labor
de
divulgación
a la
ciudadanía
mucho
más
amplia
con
campañas
en
televisión,
al
menos
en
la
televisión
pública,
que
haga
que
los
ciudadanos
se
interesen
por
el
procedimiento
y no
solo
los
que
quieran
ser
mediadores,
De
esta
forma
los
clientes
exigirán
a
sus
abogados
que
primero
intenten
una
mediación
o al
menos
cuando
su
negociación
ha
fracasado.
Siempre
he
dicho
que
me
dan
envidia
los
anuncios
de
la
American
Bar
30
seconds.
¿Es
que
nuestros
afamados
publicistas
no
son
capaces
de
superarlos?
Creo
que
la
formación
debería
ser
de
mayor
calidad,
saliendo
de
debates
gremiales
de
querer
irrogarse
la
exclusividad
universitaria
en
la
formación
para
no
perder
mercado,
pudiendo
formar
también,
aquellos
que
acrediten
programas
de
Calidad.
Es
más
creo
que
las
instituciones
de
Mediación
que
adquieran
prestigio
tendrán
sus
propias
escuelas
de
formación,
y
sus
mediadores
saldrán
en
la
inmensa
mayoría
de
sus
propias
escuelas
como
ocurre
con
el
CIARB.
Un
parámetro
mínimo
de
calidad
es
que
los
que
terminen
esos
cursos
terminen
convencidos
de
que
efectivamente
la
mediación
es
una
herramienta
a
proponer
a
sus
clientes.
Creo
que
los
abogados
deberían
ser
conscientes
de
que
la
mediación
es
una
herramienta
más
y
que
la
deben
proponer
a
sus
clientes
y
que
pueden
cobrar
a
los
mismos
por
saber
que
herramienta
es
la
más
útil,
asesorarles
durante
el
proceso
y
revisar
el
acuerdo.
Creo
que
los
propios
mediadores,
en
el
caso
de
abogados,
deberían
aconsejar
a
sus
clientes
intentar
una
mediación,
con
carácter
previo,
derivando
a
sus
clientes
a
mediadores
que
merezcan
su
confianza,
eso
además
les
servirá
para
coger
práctica
al
ver
a
otros
compañeros
mediar.
En
la
mediación
mercantil
y
civil
no
solemos
poner
pegas
a
que
los
compañeros
acompañen
al
cliente,
eso
sí
informándoles
de
su
papel.
Es
decir
que
si
todos
los
que
se
han
formados
aconsejaran
acudir
a
una
mediación
a
sus
clientes
el
aumento
de
la
mediación
sería
evidente.
Con
estas
ideas
se
fomentaría
la
mediación
y
cambiaría
el
panorama
y
dejaría
de
ser
un
esfuerzo
titánico
conseguir
que
las
partes
se
sienten
a
mediación
y
sus
abogados
no
se
opongan
dejando
de
considerar
como
todo
un
triunfo
que
acepten
sentarse
a la
sesión
informativa.