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Mis primeros pasos profesionales: Me vetaban la entrada en los juzgados
MADRID, 05 de MARZO de 2014 - LAWYERPRESS

Por Cristina Ribas Casademont, Abogada Experta NT

Cristina Ribas CasademontTodo empezó en el despacho de una Ilustre Señoría que tenía un mal día.

Después de un año colegiada, acababa de terminar la Escuela de Práctica Jurídica y a las pocas semanas estaba prevista mi primera guardia. Tal y como llevaba haciendo los últimos dos años, pedí a un compañero que me dejara ir con él a su guardia para familiarizarme e ir cogiendo experiencia.

El Juzgado llamó, entramos en la declaración del imputado y sin que el compañero tuviera tiempo de presentarme, Su Señoría me espetó:
“–Usted qué, ¿entra aquí como Pedro por su casa?”. A lo que simplemente respondí que estaba de prácticas y nunca había habido ningún inconveniente.
Y prosiguió:
“–¿De prácticas? ¿De prácticas de qué?”.
“– Bueno Señoría, verá…De peluquería y estética” –pensé en decirle yo.

Su malhumor aumentaba por momentos hasta que se dirigió al cliente y sentenció:
“–Señor, aquí su Letrado ha traído a una señora o señorita que dice que está en prácticas y que va a escuchar su declaración y ya le digo que, si yo fuera usted, a mi no me gustaría que estuviera”.
(Por supuesto el “dice que está en prácticas” lo pronunció con el rintintín típico de la burla.)

A pesar de su brusquedad, mantuve las formas, lo que quería era permanecer en la declaración sin que nadie me echara. Y lo conseguí.

Al salir y en un intento de tranquilizar al cliente (que bastante ya tuvo que soportar, el pobre) le expliqué que era abogada del Turno de Oficio y que estaba allí porqué quería aprender para que el día de mañana pudiera defender a ciudadanos como él.

Puse la experiencia en conocimiento del Colegio y dos años después no me consta que ningún otro compañero en prácticas haya vivido nada similar, lo cual me alegra.

Por cierto, en mi primera guardia me llamaron para asistir a un detenido por agresión sexual. Menos mal que fueron muchos los que me dieron la oportunidad para aprender porqué sino aquella guardia se me hubiera comido!

No pasó ni medio año que, sin querer, me metí en otro berenjenal…esta vez, con el de seguridad del juzgado.

Llevaba años esperando aquél momento. Acudir a mi primera intervención judicial como abogada y con ¡mi primer cliente particular!

Después de una ronda de declaraciones, el funcionario que nos atendió me comentó que tenían mucho trabajo y que seguirían con nuestro asunto más tarde. Nos invitó a que saliéramos a dar una vuelta, que ya nos llamarían. Me pareció una buena manera para tomar el aire, no coincidir con los otros implicados y evitar escándalos en los pasillos. Una hora más tarde me avisaron para que volviésemos. Eran las dos de la tarde.

Cual fue mi sorpresa que al cruzar la puerta de los juzgados, el guarda de seguridad me para y dice:
“–El Juzgado está cerrado”
“–Cómo que cerrado?” –le dije.
“–Pasadas las dos no puede entrar nadie.”
A lo que respondí:
“–Disculpe, soy abogada y el Juzgado me acaba de requerir para que asista a una declaración. Me están esperando y debo ir.”
Y contesta:
“–Y yo tengo órdenes de no dejar pasar a nadie”.

La sangre me hervía, seguí insistiendo en entrar en el edificio, identificándome como letrada, reiterándole que estaba trabajando y debía hacer mi trabajo sí o sí. Me parecía todo una tomadura de pelo pero el señor también se estaba mosqueando ya. Finalmente dijo:
“–Bueno, usted misma, sube y a ver qué le dicen!”
“-Que qué me dicen? Qué tienen que decirme?!” –pensé.

Decidida subí al Juzgado. Eso sí, a mis clientes les vetaron la entrada y tuvieron que permanecer en la calle. Y ¿qué os pensáis que me dijeron los funcionarios? Quedaron ojipláticos. Se acababan de enterar por mí que a partir de las dos no se dejaba entrar a nadie. Aquello era cuando menos, ridículo.

De aquella jornada, concluí que el guardia de seguridad pisó los derechos de unos ciudadanos y los de su letrada pues nos vulneraron el derecho fundamental de acceso a la jurisdicción, en su vertiente más literal.

Informé de la incidencia, una semana más tarde volví y aquél señor ya no estaba.

Aquello fue insólito, ridículo, patético y absurdo. Pero, y si por culpa de esto llegas tarde (y si es que puedes llegar) a cualquier otra actuación judicial en la que sea preceptiva tu asistencia, como se te ocurra explicarle a Su Señoría que la culpa la tiene el segurata que no te dejaba entrar, más vale que te acojas a tu derecho a no declarar!

Sirva este artículo como anécdota de las que por suerte casi nunca ocurren, y de agradecimiento a todos los que habéis estado y estáis contribuyendo a mi formación día a día. Seas compañero, juez o cliente, ¡gracias!

 

 

 

 

 

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