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LP emprende - especial: Reforma laboral y los Tribunales

 

 

¡Reforma Laboral que joven te has quedado vieja…!
MADRID, 29 de NOVIEMBRE de 2013 - LAWYERPRESS

Por Fernando Vizcaíno de Sas, socio director área laboral Jiménez de Parga Abogados

Fernando Vizcaíno de Sas, socio director área laboral Jiménez de Parga Abogados“Las revoluciones se producen en los callejones sin salida." Bertolt Brecht.

Es evidente que la “reforma de la reforma” es necesaria. No solo porque lo diga Bruselas, antipática madre política que quiere exigir a sus hijos la excelencia, sino porque la puesta en marcha de las medidas de la Ley 3/2012, de 6 de julio han puesto de manifiesto algunas carencias, bastantes defectos y muchas lagunas.
Oí a la Magistrada del juzgado de lo social 26 de Madrid, la solvente María Henar Merino Senovilla, decir que la Ley era defectuosa en su técnica jurídica y hasta en su redacción literaria. Tiene razón, no es una ley excesivamente cuidada, probablemente porque se trataba de taponar el boquete que hundía el barco y no preocuparse por la estética del apaño.
Pero siendo esto así, es verdad que la aplicación práctica de la norma ha señalado graves problema que puedan dar al traste, no solo con la finalidad para la que fue dictada la Ley sino, y esto es lo grave, con la revolución y cambio radical que en las relaciones laborales se intentó introducir.
Evidentemente los partidarios de reformar la reforma pueden ser a favor de extremarla aún más o de modificar y suprimir alguno de sus polémicos cambios. En estas páginas tienen ustedes unas opiniones al respecto que difieren, como es lógico, en el tratamiento a seguir. No así en el diagnóstico: todos estamos de acuerdo en que la Reforma Laboral ha de ser cambiada.
Por eso sobre este extremo no merece la pena gastar energías: la ley se ha de modificar y así lo ha anunciado el propio gobierno, estando reuniéndose la Ministra “valiente” con expertos desde hace unas semanas.
Tampoco me preocupa especular sobre cuáles serán los cambios y si la cosa se limitará a ajustes estéticos en los contratos (la simplicidad de reducir los contratos a dos o tres modelos) o irá a más. Quiero ser, como nos enseña la Biblia, esa voz que te habla cuando ya todos te han dejado solo y desamparado aquella voz que muy pocos quieren oír y que parece estar hablando sola en el desierto y decir lo que yo creo debe cambiarse. Coincidirá o no con lo que se cambie, pero creo mi deber manifestar lo que entiendo exige una modificación radical en la Ley.

La huelga. Sino fuera porque hace tiempo escribí sobre que la asignatura pendiente más importante de nuestro sistema laboral era desarrollar el artículo 28.2 de la Constitución Española, se me podría tildar de oportunista ante las última ola de apoyo a que se regule de una vez esta necesaria regulación de un derecho, fundamental si, pero usado con manifiesto abuso las más de las veces.
En un país democrático es importante garantizar los derechos fundamentales, pero es igualmente importante evitar la anarquía y el uso indebido de las garantías constitucionales. No es serio que la huelga se rija por una ley de marzo de 1977 que, como también he dicho, es una norma pre-constitucional. No es serio, ni higiénicamente recomendable, por lo que negociar un marco normativo para este tema es cuestión primordial y principal en los deberes del gobierno.

Los jueces. No les tengo manía, me precio de tener grandes amigos y respetar en lo intelectual y en lo personal su trabajo. Pero un papel oficial da demasiado poder y una equivocación en esa omnímoda facultad puede hacer mucho daño. Permítanme el fácil recurso de citar Canal Nou, pero esa es la realidad de lo que una resolución judicial puede acarrear.
Son necesarias dos reformas a mi entender vitales: limitar aquellos temas que queden sellados, cerrados y que sin limitar el poder judicial y su libertad, no puedan ser radicalmente cambiados por una sentencia y arbitrar vías eficaces de recurso y revisión. En lo primero ya he dicho que todo lo que sea pactado y acordado por los sindicatos, los representantes de los trabajadores y los empresarios, salvo causa de inconstitucionalidad manifiesta, no debe poder revisarse y, menos aún, declararse nulo por cuestiones formales o de legalidad ordinaria. En lo segundo habría que establecer una segunda y tercera instancias reales que sirvieran para que las sentencias de primera instancia se revisaran y corrigieran de verdad, evitando el “corta y pega” de aliño con el que, desgraciadamente, nos topamos a diario.

La negociación colectiva.- Como esto no es el baile de “la Yenka” la ultraactividad debe limitarse de verdad (otro tema en que los jueces hacen una larga cambiada de desoyen la Reforma Laboral) y no puede perpetuarse convenios y condiciones de épocas desgraciadamente desaparecidas de bonanza y beneficios empresariales. La dispersión territorial de los convenios es otra cosa nefanda que debería aclararse desapareció con la Reforma, para evitar que una empresa tenga distintas condiciones allá en la Comunidad Autónoma que opere con un verdadero desbarajuste en qué se aplica y qué prevalece. Por último se ha visto que los mecanismos de arbitraje y laudo siguen sin funcionar, sin servir para nada, probablemente porque no se puede dejar al lobo cuidar de los corderos, por muy duro que parezca este aserto. O buscamos tribunales independientes (que poco eficaz es eso de lo paritario) y profesionales que arrojen soluciones técnicas solventes, o el enquiste en la negociación no se solucionará por ésta vía.

Coste social.- Tenemos una Seguridad Social cara y que hace recaer sobre el empresario un coste desafortunadamente excesivo. Reducir cuotas y ahondar en mecanismos de ERTE como solución a los despidos y destrucción de empleo, será una de las maneras de empezar a crear empleo que lo necesitamos.
De las pensiones y la jubilación ni hablo… ¡No han sido capaces los llamados “interlocutores sociales” de ponerse de acuerdo en algo tan vital como es no acogotar la viabilidad del Sistema Público de Pensiones y hacerlo inviable! Pues que se legisle con mano dura y aún a pesar de lo impopular de estas medidas, desgraciadamente tan necesarias para nuestro país.

Se me ocurriría más y más porque son muchos los refinamientos que la reforma laboral necesita, pero estos son el grueso de lo que creo es urgente parchear si no queremos que el edificio se nos venga encima.

Empezaba con una frase de revolución, dura y cierta a la vez porque es verdad que “a la fuerza ahorcan”, porque creo que estamos inmerso en una etapa revolucionaria en lo jurídico laboral. Toda revolución derroca gobiernos y significa cambios de ciclo. La nuestra, además, solo puede significar la victoria al paro y al parón de la economía. Si no habremos fracasado y nos quedaremos, como decía su Señoría, con una norma técnicamente deficiente y algo mal escrita.
 


 
 

 

 


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