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Corralitos
en
el
siglo
XXI |
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MADRID,
27
de
ABRIL
de
2013
-
LAWYERPRESS |
|
Por
Ibán
Uriarte
Rivero,
Abogado |
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Siempre
se
ha
manifestado
que
la
persona
que
olvida
su
pasado
está,
irremediablemente
condenado
a
repetirlo,
sin
embargo
esta
rotunda
afirmación
se
aleja,
notoria
y
actualmente
de
las
personas
físicas
para
ubicarse
en
las
jurídicas,
más
concretamente
en
las
Entidades
Bancarias.
Y es
que,
en
pleno
siglo
XXI
se
vuela
a
poner
a la
luz
la
posibilidad
de
que
los
ciudadanos
retiren,
de
manera
fehaciente
y
con
auténtico
pánico
el
dinero
que
puedan
disponer
en
las
diferentes
Entidades
bancarias
es,
cuando
menos,
desalentador
en
una
sociedad
que
se
supone
mira
al
futuro.
Pero,
ciertamente
y
aún
cuando
en
España
parece
ser
que
esta
actitud
todavía
no
se
ha
plasmado,
afortunadamente,
en
una
tónica
poblacional
habitual,
la
pregunta
sigue
en
el
aire,
¿por
qué
se
ha
llegado
a
esta
situación?.
La
respuesta,
desde
luego,
no
obtiene
una
única
decantación
ya
que
las
ramificaciones
político
administrativas
son
tan
enormes
que
para
analizar,
pormenorizadamente
éstas,
estaríamos
meses
señalando
con
el
dedo
a
los
posibles
culpables
pero
lo
que
verdaderamente
está
claro
es
que
ya
se
han
agotado
las
excusas.
España,
país
miembro
de
la
Comunidad
Económica
Europea,
ha
realizado
todas
y
cada
una
de
las
exigencias
planteadas,
como
modus
operandi,
de
las
directrices
descritas
por
la
Presidencia
de
esta
Unificación
de
países
y
corresponde
a la
Unión
Europea
precisamente,
poner
fin
a
tanta
dubitación
y
proceder
a la
ayuda
inmediata
de
uno
de
sus
socios.
Así
las
cosas,
al
haber
cumplido
nuestra
nación
con
todos
y
cada
uno
de
los
deberes
interpuestos
y
haber
tragado
platos
de
mal
gusto,
es
el
momento
de
exigir,
no
así
comunicar
o
considerar,
sino
de
poner
las
manos
sobre
la
mesa
y
obtener
la
respuesta
definitiva
y
decisoria
que
este
país
necesita
y
que
su
pueblo
ha
padecido
y
padece
muchas
de
los
meritados
posicionamientos
de
nuestros
amigos
europeos
para,
teóricamente,
situarnos,
equilibradamente,
en
este
coloso
político
que
aúna
tantos
y
diferenciados
posicionamientos
partidistas.
Ya
basta
de
futuros
inciertos,
toca
cobrar,
la
Unión
Europea
no
puede
convertirse
en
una
Unión
Temporal
de
Empresas
en
la
que
cada
socio
pretende
sacar
el
mayor
provecho
posible
de
sus
acciones,
sino
todo
lo
contrario,
debe
suponer
el
afianzamiento
de
una
solidaridad
a
prueba
de
cualquier
cataclismo.
Es
hora
de
frenar
la
incertidumbre,
de
ser
fieros
pero
amables
y
que
no
confundan
la b
de
bueno
con
la b
de
bobo,
porque
eso
es
lo
que
están
sintiendo
los
sufridos
ciudadanos
que,
a
diario
observan,
de
manera
paulatina
pero
plausible,
como
se
les
han
subido
sus
impuestos,
como
sus
derechos
laborales
han
caído
en
picado,
como
sus
sueldos
se
han
rebajado
notoriamente,
en
definitiva,
la
población
española
ha
resistido
estoicamente
la
falta
de
respuestas
de
una
cúpula
directiva
que
se
ha
mostrado
inexistente.
El
ser
humano
en
sí
mismo
considerado,
sí
se
puede
permitir
el
lujo
de
tocar
fondo
pero
en
un
conglomerado
político
de
tan
inmensa
dimensión,
el
mero
hecho
de
que
pueda
imaginarse
esta
situación
como
piedra
angular
para
que
se
lleven
a
efecto
las
medidas
pertinentes
para
paliar
sus
negativas
consecuencias
elevan
al
cubo
la
ineficacia
de
las
clases
políticas
y el
porque
de
sus
existencias.
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