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Por Fernando Carretero Juanals
Todos los que conocemos el mundo del arbitraje, bien sea como árbitros o como abogados de alguna de las partes interesadas, sabemos de la importancia y las ventajas que puede tener un procedimiento arbitral. Lo normal al hablar del arbitraje es explicar las ventajas que puede tener, a saber, la confidencialidad, intereses económicos, rapidez en la resolución del problema, etc. Alguien que empieza su andadura en el mundo profesional, normalmente no quiere pensar en que puede funcionar mal el proyecto, ese proyecto que después de tanto tiempo pone en marcha, o que puedan existir problemas con los diferentes agentes económicos con los que empieza a tratar. Por lo general, pensamos que todo funcionará a la perfección y que irá bien, es normal, de lo contrario nadie iniciaría una aventura empresarial. Los clientes que acuden al despacho cuando les digo que pongan una clausula de arbitraje, en los estatutos de constitución, en un contrato, etc. siempre me preguntan por qué deben ponerla y no poner la típica clausula de sometimiento a los tribunales de la localidad, por ejemplo. La respuesta es fácil, y más hoy en día, la saturación de los juzgados, sin ir más lejos, un procedimiento en un Juzgado de Primera Instancia puede alargarse en el tiempo, este pequeño empresario, emprendedor que se juega sus ahorros para poner en marcha el negocio en el que había soñado durante tanto tiempo, o lleva a cabo su proyecto soñado no puede estar una media de 2 años (teniendo suerte) esperando una resolución judicial que puede llevarle a la ruina, tanto económica como emocional, y mucho menos recibir una resolución tomada por una persona que no es un especialista en la materia, y que solo se ha valido para tomar una decisión de lo que le han aportada cada parte. Tenemos que tener presente, que un juez se guía por lo que le aportan las partes, y que como en todo hay abogados mas bueno (o más hábiles) y menos buenos, con lo cual al no ser especialista en la materia a veces no toma la decisión justa, y quizá este sea el fallo de la justicia actual, cuántas veces hemos oído “esto no es justicia”. En el arbitraje, por el contrario, al tratarse en realidad de un juicio, pese a no celebrarse en los tribunales, en el que se encarga a un tercero especializado su resolución esto puede ser mucho menos frecuente, aunque todos somos humanos y podemos equivocarnos, pero por lo menos las posibilidades son menores, tenemos la certeza que quien conozco de nuestro asunto será una persona que sabrá de que se le está hablando sin necesidad de ponerse a estudiar la materia como si de un estudiante mas se tratara. Un tema que preocupa, y no poco cuando uno inicia su proyecto, es el dinero. En un arbitraje sabemos de antemano cual el precio que abonaremos para acudir a él. No es esa incertidumbre de cuando uno acude a los tribunales, ¿habrá recurso?, ¿Qué me cobrará el abogado?, etc. En un arbitraje tú puedes saber que te va a costar antes de iniciarlo. La confidencialidad, no es de buen gusto para nadie, que te vean en los pasillos de los juzgado, siempre puede haber alguien que te conozco y esto puede influir en tu negocio. En un arbitraje existe la confidencialidad, nadie tiene porque saber que ha existido un problema si tú no se lo cuentas. Una vez, sabemos de la agilidad de un procedimiento de arbitraje, la especialización de los árbitros que son quienes deciden, de la confidencialidad, del conocimiento anticipado de costes y tarifas, etc ¿no es podemos afirmar que es mucho más ventajoso que acudir a los tribunales?
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