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Aspectos sobre el comportamiento y presencia de abogados en redes sociales
MADRID, 23 de ENERO de 2013 - LAWYERPRESS

Por Guillermo Pérez Alonso. Director Gerente. Santiago Mediano Abogados

En las redes, en la mesa y en el juego, se conoce al caballero. Así se podría actualizar este conocido refrán que hace referencia a las buenas formas y comportamiento para recordar con ello que nuestra reputación queda expuesta una vez que accedemos a formar parte de la aldea global digital. Compartimos continuamente información con las personas que nos rodean, de forma consciente e inconsciente, de manera tanto objetiva como subjetiva, en un tiempo en el nunca nos hemos rodeado y relacionado con tantas personas en las comunidades virtuales o redes sociales a las que accedemos todos los días como un acto natural a través de móviles, tabletas o laptops.

Esta exposición toma mayor relevancia si además damos a conocer el lado profesional. Aunque todo profesional debe velar por el valor que se le concede como tal, los abogados deben gestionar con especial atención cómo se presentan al resto de la sociedad, pues en su actividad profesional, el abogado con su cliente establece relaciones basadas en la confianza que éste último le concede.

Las redes sociales ofrecen innegables ventajas para el abogado, le dan la valiosa oportunidad de poder emprender en un momento en el que ya no solo la crisis lo hace necesario, sino también por la enorme competencia entre abogados, además de una propia transformación del sector, con nuevos modelos de negocio y venta de servicio legales como el acercamiento cada vez más latente a la abogacía virtual. El desarrollo de una marca personal toma una relevancia para cada vez mayor entre muchos abogados, al tener la posibilidad de generar, si bien dirigida, un valor que puede provocar incluso que el cliente se vincule más a la marca personal del abogado que a la de la propia marca corporativa.

Sobre la marca personal, Paula Fernández-Ochoa en su publicación Carta a mi amigo abogado. Emprendedor y embajador ahora más que nunca de su marca personal dice con mucho acierto que “la marca hay que gestionarla para diferenciarte”. Por tanto, a través de un trabajo de conocimiento del medio y de la propia persona, estableciendo estrategias sobre el uso y aprovechamiento de los canales, junto con la creación de contenidos acompañados de constancia y seguimiento, podemos no solo diferenciarnos dentro del sector donde se opera, si no que se puede llegar a alcanzar una valiosa reputación y notoriedad en el entorno digital.

La abogacía es una profesión exigente, que se estructura a través de una serie de fuertes valores que dictan el comportamiento ético de la profesión, de ahí que el abogado no debe olvidar transmitir en las redes sociales los mismos valores con los que se presume que actúa en el ejercicio de la vida profesional, e incluso en la privada.

Como argumenta Eugenia Navarro en su post Sobre marca personal “lo importante es saber asociar atributos de valor a la marca” por lo que la integridad del abogado no debe finalizar con la actividad profesional, sino que deberá mostrarlo en todo momento. Una manifestación, un acto o un comentario no adecuado en este ámbito, podrá afectar muy negativamente a la reputación del abogado. Además, es fundamental actuar en comunidades virtuales o redes sociales con honestidad, virtud que debe formar parte de la identidad de un abogado (¿y de quién no?), y hoy en día más que nunca.

Pero por encima de todas las virtudes debe ser la prudencia la que dicte el comportamiento del abogado en redes sociales, analizando de forma reflexiva antes de escribir o llevar a cabo las comentarios, actualizaciones, tweets, posts, videos o cualquier otro contenido que se publique en red. Será la prudencia la que deba por tanto cubrir en todo momento la acción del abogado en la esfera digital.

Por otro lado, no puede dejarse llevar por la precipitación, o mostrar poca o nula reflexión en las decisiones tomadas y manifestadas en redes sociales o comunidades virtuales, además de mostrar falta de percepción de la realidad o sentido común. Por supuesto, debe evitar cualquier clase de indiscreción y ser muy riguroso en términos de confidencialidad y secreto profesional, sin hacer alardes de que debe sujetarse a ello, la discreción en ese sentido siempre fue la mejor aliada.

Finalmente, un abogado antes que abogado es una persona, y por lo tanto tiene emociones, pero sería igualmente prudente no dejarse llevar por emociones como la ira o el enojo, evitar entrar de manera airada en debates o provocaciones y por supuesto desterrar del vocabulario palabras malsonantes o insultos. En muchas ocasiones, se piensa que nadie está escuchando, pero los públicos de interés están siempre atentos de lo que dice o se trasmite por los profesionales a los que puede llegar a contratar (o despedir), pues en redes sociales, no se desconecta nunca el sónar de escucha activa.

 


 

 

 






 




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