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La falta de confianza en el sistema está presente en toda crisis económica. Hemos vivido un largo periodo de crecimiento económico a nivel mundial y llega el tiempo de las vacas flacas. La economía ha demostrado ser cíclica por lo que a pesar de las dificultades en las que nos encontramos actualmente, hay luz al final del túnel. La crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos ha desencadenado un efecto dominó en la economía mundial que ya podemos palpar en nuestros bolsillos. La consecuencia más notable es la falta de liquidez en los mercados. Las transacciones que hasta hoy venían realizándose en el mercado interbancario se han reducido drásticamente. Las empresas acuden a los bancos en busca de financiación, pero se encuentran con unas condiciones de préstamo enormemente endurecidas por lo que pocas de ellas consiguen su objetivo. En este contexto, emerge como alternativa a la financiación bancaria, la financiación mezzanine. Este tipo de deuda se estructura tradicionalmente a través de fondos de capital privado que inyectan liquidez en una franja de riesgo que resultaría demasiado alta para las entidades bancarias. Hasta hace poco tiempo este tipo de instrumento de financiación, situado típicamente entre la deuda senior y el ‘equity’, se consideraba como un producto de segunda clase o, al menos, de carácter subsidiario. Las empresas acudían a los bancos ante la llamada de una financiación que hasta ahora resultaba fácil y barata. Actualmente el escenario es bien distinto. La escasez de recursos en los mercados financieros hace muy necesaria este tipo de deuda subordinada que en España está presente a través de varios fondos cuya política de inversión se centra en proveer a las empresas con este tipo de financiación. Por el lado del inversor en este tipo de fondos, arrojan una rentabilidad que históricamente ha venido rondando el 15% anual, tipo muy atractivo teniendo en cuenta las turbulencias que vivimos hoy en las bolsas y otros mercados regulados. Sin embargo, desde el punto de vista de la compañía financiada, estos capitales pueden lograr aumentar y desarrollar potenciales que de otra manera se quedarían estancados, contribuyendo así a la creación de riqueza, dinamismo de mercado, a la regeneración del tejido industrial y, por tanto, al bienestar de todos.
eMail de Rogelio Fernández de la Calle
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