Estimado
navegante:
Se
consumió
la
crónica
de
una
muerte
anunciada,
que
diría
García
Márquez
y la
vida
de
Adolfo
Suárez,
primera
presidente
de
nuestra
democracia,
se
apagaba
en
la
sobremesa
de
ayer
domingo
de
forma
irremediable.
Por
desgracia,
el
vaticinio
que
hizo
su
hijo
mayor
este
viernes,
Adolfo
Suárez
Ilana,
socio
director
de
RGH
Ontier,
se
cumplía
y el
corazón
del
político
que
condujo
nuestro
país
a la
democracia
dejaba
de
latir,
rodeado
de
los
suyos.
El
Alzheimer,
la
enfermedad
del
olvido,
que
él
sufría
desde
hace
diez
años,
se
ha
llevado
a
uno
de
nuestros
mejores
estadistas.
Un
político
que
tuvo
el
coraje
suficiente
para
pilotar
nuestra
transición
democrática
y,
lo
que
es
más
importante,
generar
el
consenso
en
la
clase
política
en
unos
momentos
complicados
para
nuestro
país.
Suárez
se
fue
ganando
la
confianza
de
todos
con
su
forma
de
gobernar.
Pronto
los
que
se
mostraban
escépticos
de
su
nombramiento
como
Presidente
del
Gobierno
el
pasado
15
de
junio
de
1977
, se
dieron
cuenta
de
su
talante
político
y
reformista.
Su
labor
como
Presidente
del
Gobierno
en
los
años
1976
y
1981
fue
prolífica
para
desarrollar
la
democracia
en
nuestro
país.
El
principal
hito
fue
el
de
lograr
que
se
aprobase
el 6
de
diciembre
de
1978
nuestra
Constitución
tras
referéndum
que
tuvo
una
gran
participación
popular.
Nuestra
Carta
Magna,
ahí
sigue,
como
elemento
de
defensa
de
los
derechos
y
libertades
de
nuestro
país.
Es
evidente
que
con
el
paso
del
tiempo
requiere
algún
retoque.
El
tiempo
no
pasa
para
nadie
en
balde.
Pero
como
comprenderás
el
análisis
de
la
vigencia
de
la
Constitución
lo
dejaremos
para
otro
artículo.
En
estos
años
de
reformas
en
nuestro
país,
el
fallecido
expresidente
del
Gobierno
implantó
el
Estatuto
de
los
Trabajadores,
aún
vigente
en
nuestro
país,
legalizó
el
Partido
Comunista
e
impulso
la
primera
reforma
fiscal
que
se
conoce
y la
primera
Ley
del
Divorcio.
También
se
aprobó
la
Libertad
de
Prensa,
tal
y
como
la
entendemos
ahora.
Era
el
momento
de
la
apertura.
En
un
momento
tan
complicado
para
el
país
auspició
los
llamados
Pactos
de
la
Moncloa,
de
cara
a
que
todas
las
fuerzas
políticas
y
sociales
pudieran
impulsar
ese
pacto
económico
social.
Al
mismo
tiempo
se
luchaba
contra
el
terrorismo,
en
una
lucha
dura,
con
más
de
cien
muertos
en
este
período
por
la
barbarie
terrorista.
Comparar
los
tiempos
de
nuestra
transición
democrática
con
la
actualidad
no
es
sencillo.
Sï
existe
como
denominador
común
una
amplia
crisis
económica
y
social
en
el
país.
Si
en
la
España
de
los
ochenta
se
abrió
la
democracia
y se
buscó
el
consenso
para
seguir
adelante,
hoy
contemplamos
la
realidad
con
tristeza
y
escasa
confianza
en
nuestros
políticos.
Paro,
corrupción,
políticos
que
miran
sus
intereses
en
lugar
del
bien
general
y
una
ciudadanía
que
ya
da
señales
de
hartazgo
en
manifestaciones
como
la
que
tuvo
lugar
este
sábado
en
la
capital
de
España
donde
se
congregaron
más
de
dos
millones
de
personas,
revelan
que
la
situación
en
España
es
alarmante.
Es
posible
que
haya
llegado
la
hora
de
otro
consenso.
De
reeditar
unos
nuevos
Pactos
de
la
Moncloa,
donde
todos
los
interlocutores
políticos
y
sociales
estén
representados.
De
pensar
en
el
interés
general
en
lugar
de
los
intereses
de
cada
partido.
Y de
ser
implacable
con
la
corrupción.
Debe
haber
tolerancia
cero
con
estos
comportamientos
todos
delictivos
En
una
España
que
intenta
resurgir
de
sus
cenizas
se
necesita
un
líder.
Hace
falta
un
Suárez,
honesto,
carismático
y
luchador
que
sea
el
punto
de
encuentro
entre
todas
las
fuerzas
políticas.
Es
necesario
trabajar
en
conjunto
y no
empezar
con
las
descalificaciones
como
vemos
en
la
recién
empezada
campaña
electoral
para
los
comicios
europeos
del
25
de
mayo
próximo.
Suárez
se
muere
y
con
él
una
forma
de
hacer
política.
Hoy
todos
le
elogian
pero
bien
es
verdad
que
su
figura
estuvo
injustamente
cuestionada
muchos
años.
El
tiempo
le
debe
poner
en
el
sitio
que
merece
tanto
por
su
forma
de
hacer
como
el
legado
político
que
deja.
No
será
sencillo
acometer
el
citado
consenso.
La
crispación
y la
agresividad
parecen
instalados
en
nuestros
parlamentarios.
La
mayoría
del
PP,
lejos
de
dar
una
estabilidad
a
las
normas,
está
suponiendo
un
rodillo
implacable
que
evita
cualquier
diálogo.
Una
lástima
porque
las
reformas
que
se
impulsan
deberían
tener
un
apoyo
más
amplio..
Reformas,
que
como
en
el
caso
de
la
justicia,
son
necesarias
y
deben
llegar
ya.
Una
democracia
sin
justicia
no
puede
perdurar
en
el
tiempo.
Se
busca
“otro
Suárez”,
un
político
de
sus
hechuras,
capacidad
de
diálogo
y
amplitud
de
miras,
que
sepa
acercar
todas
las
posiciones
políticas.
Necesitamos
el
consenso
para
seguir
adelante
y
volver
a
ser
el
país
que
éramos.
Ha
llegado
el
momento
de
un
nuevo
cambio
político.
Los
ciudadanos
agradecerán
este
cambio
de
talante
porque
necesitan
creer
que
hay
salida
para
esta
crisis
Desde
aquí