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La
película
“La
vida
de
Brian”
(Life
of
Brian,
1979)
protagonizada
por
los
Monthy
Phyton
está
plagada
de
escenas
delirantemente
divertidas,
entre
ellas
-quiero
destacar-
la
de
la
dilapidación
de
un
blasfemo
por
un
grupo
de
mujeres
“embarbadas”
para
ocultar
su
condición
femenina,
dado
que
la
ley
judía
en
época
romana
prohibía
en
las
lapidaciones
que
las
mujeres
participasen
arrojando
piedras
en
dicho
castigo.
El
que
podríamos
denominar
caso
Bufete
Rojas
(www.bufeterojas.es)
pasará
a
ser,
sin
lugar
a
dudas,
un
caso
de
estudio
en
la
asignatura
de
comunicación
digital
de
los
master
de
acceso
a la
Abogacía
y
marketing
jurídico
que
se
vienen
impartiendo,
más
concretamente
cuando
se
aborda
el
tema
de
la
gestión
de
redes
sociales
en
los
despachos
de
abogados.
Para
quien
todavía
no
lo
conozca
se
trata
de
un
desacertado
comunicado
de
condolencia
por
las
víctimas
del
trágico
accidente
de
aviación
del
vuelo
4U9525
de
Germanwings,
en
la
que
el
despacho
finaliza
su
mensaje
publicado
en
Facebook
con
el
eslogan
o
lema
del
despacho,
publicidad
que
se
presta
a
ser
mal
interpretada.
Pero
este
caso
de
linchamiento
en
redes
sociales
por
un
error
de
comunicación
cometido
por
un
despacho
de
abogados
no
ha
sido
el
único
que
se
ha
producido.
En
efecto,
en
estas
últimas
semanas
se
han
venido
produciendo
denuncias,
principalmente
en
Twitter,
por
–presuntos-
casos
de
plagio
producidos
por
abogados.
Al
igual
que
ocurría
en
la
escena
de
la
lapidación
de
la
película
de
los
Monthy
Phyton,
parece
ser
que
“embarbados”
en
la
libertad
de
manifestación
y
publicación
que
nos
confieren
nuestras
cuentas
en
Twitter,
Facebook…,
en
muchas
ocasiones
nos
vemos
cegados
por
el
relumbrón
que
supone
cosechar
un
puñado
de
retuits,
favoritos
o
like,
haciéndonos
capaces
de
vender
nuestra
alma
digital
por
un
efímero
trending
topic
en
esa
dimensión
del
ciberespacio
amojonada
por
las
redes
sociales.
Todo
ello
sin
ser
conscientes
del
posible
daño
y
funestas
consecuencias
que
nuestros
comentarios
y
juicios
pueden
provocar.
Máxime
cuando
desconocemos
si
los
hechos
que
prematura
y
furibundamente
nos
prestamos
a
denunciar
son
consecuencia
de
meros
errores
o
fallos
producidos
sin
mediar
mala
voluntad,
o si
por
el
contrario
obedecen
a
casos
donde
el
autor
era
consciente
en
toda
su
plenitud
de
la
gravedad
de
su
incorrección.
El
caso
es
que
sin
conocer
la
versión
de
la
otra
parte
nos
prestamos
a
realizar
auténticos
juicios
sumarísimos
convirtiéndonos
en
indeseables
trolls
de
las
redes
sociales.
Cita
Beatriz
Sanjurjo
Rebollo
(@BSRAbogados)
en
su
obra
“Manual
de
Internet
y
Redes
Sociales”
(Dykinson,
2015)
que
“el
fenómeno
de
redes
sociales
ha
cambiado
y
revolucionado
nuestro
modo
de
relacionarnos
tanto
personal
como
profesionalmente”.
En
este
sentido
ya
en
mi
anterior
post
“Los
abogados
comunicantes”
(http://www.lawyerpress.com/blogs/LPe_JR_Moratalla_06.html
)
enfatizaba
al
señalar
que
la
comunicación
2.0
ó de
la
gestión
de
la
presencia
en
redes
sociales
de
los
abogados,
supone
administrar
una
nueva
dimensión
de
relación
profesional
que
precisa
someterse
a
los
caprichosos
dictados
que
impone
la
cultura
de
los
Social
Media
en
la
que
resulta
obligado
verter
grandes
dosis
de
implicación,
constancia,
paciencia
y
perseverancia
a la
hora
de
cultivar
un
engagement
o
empatía
abierta
y
sincera
en
nuestra
relación
interactiva
con
los
seguidores
o
followers.
El
propio
Código
Deontológico
de
la
Abogacía
(Real
Decreto
658/2001,
de
22
de
junio)
en
el
punto
1 de
su
artículo
12,
precepto
dedicado
a
las
Relaciones
entre
Abogados,
establece
que
“Los
Abogados
deben
mantener
recíproca
lealtad,
respeto
mutuo
y
relaciones
de
compañerismo”.
Igual
ocurre
con
el
propio
Estatuto
General
de
la
Abogacía
Española
aprobado
en
el
pleno
celebrado
el
día
12
de
junio
de
2013,
en
cuyo
artículo
60,
también
dedicado
a
tratar
los
Deberes
para
con
los
otros
Abogados,
fija
que
“Los
Abogados
deben
mantener
recíproca
lealtad
y
respeto
mutuo”.
Es
por
ello
que
ante
un
desacertado
tuit
o
comentario
publicado
en
Facebook
o
cualquier
otra
red
social
por
un
abogado,
cualquier
otro
compañero
de
este
honorable
oficio,
antes
de
pronunciarse
al
respecto,
incluso
en
los
supuestos
en
los
que
pudiera
tratarse
de
un
potencial
caso
de
plagio,
debería
conducirse
de
la
forma
que
se
espera
y a
la
que
se
debe
en
su
condición
de
abogado,
esto
es,
con
prudencia,
moderación,
buena
fe y
compañerismo.
Así,
Susana
González
Ruisánchez
(@SusanaCyZ)
en
su
brillante
artículo
“Plagio
vs
Uso
ético
de
la
información”
(http://www.abogacia.es/2015/03/23/plagio-vs-uso-etico-de-la-informacion/)
con
gran
acierto
aconseja
que
lo
más
recomendable
ante
estos
casos
es
empezar
alertando
al
responsable
del
presunto
supuesto
de
plagio,
de
su
error
y
solicitarle
que
incluya
el
link
a
nuestro
blog
o
web,
reconociendo
la
cita
o
autoría
de
dichos
contenidos.
Asumiendo
y
siguiendo
esta
forma
de
proceder,
en
mi
opinión,
sólo
una
vez
que
el
presunto
plagiador
no
se
avenga
a
razones
y
reconozca
su
error
es
cuando
se
debería
externalizar
el
conflicto
pues
hay
mucho
en
juego,
sobre
todo
en
cuanto
a la
reputación
digital
del
posible
plagiador
se
refiere.
Y de
idéntico
modo,
es
por
todo
ello
que
enjuiciar
vía
redes
sociales
el
comentario
que
ha
provocado
el
revuelo
en
el
que
sea
ha
dado
en
denominar
caso
Bufete
Rojas,
no
debería
hacerse
a la
ligera.
No
sin
antes
conocer
las
versiones
de
ambas
partes.
No
olvidemos
que
abogados
somos
y
tenemos
unos
valores
y
principios
por
los
cuales
hemos
de
conducirnos.
En
el
artículo
“Principios
internacionales
sobre
el
uso
de
redes
sociales
por
los
abogados”
(http://tecnologia.elderecho.com/tecnologia/redes_sociales/Principios_internacionales-redes_sociales-abogados-IBA_11_733930002.html
) de
Ramón
Cifuentes
Ventura
(@R_Cifuentes_),
el
autor
informa
como
la
International
Bar
Association
(IBA)
ha
sido
la
primera
entidad
en
formular
una
declaración
internacional
de
principios
para
promover
y
fomentar
el
uso
responsable
de
los
medios
de
comunicación
social
(redes
sociales)
por
los
profesionales
del
sector
legal.
Tal
vez
habría
que
hacer
un
esfuerzo
entre
todos
para
darlos
a
conocer
de
una
forma
clara
y
efectiva,
pues
de
otra
forma
-y a
buen
seguro-
empeoraríamos.
>
Supervisor
de
la
lapidación:
¡Estás
empeorando
las
cosas!
>
Matías,
hijo
de
Deuteronomo
de
Gaza
y
condenado
a
lapidación
por
blasfemia:
¿Empeorándolas?
¿Es
que
pueden
estar
peor?
¡¡¡Jehová!!!
¡¡¡Jehová!!!
(La
vida
de
Brian,
1979,
www.youtube.com/watch?v=y40fXnVCmhI
) |