MARKETING

COMUNICACIÓN

INTERNET

FORMACIÓN

RRHH

PUBLISHING & EVENTS

DIRECTORIO

PORTADA

Noticias de Despachos

Operaciones

Vida Colegial Comunidad Legal Sistema Judicial Internacional
Arbitraje Mediación TIC Abogados Jóvenes Entrevistas Colaboraciones/Opinión Reportajes Agenda BLOGS LP emprende

José Ramón Moratalla Escudero - Marketing & Law - BLOGS de LP emprende

Marketing & Law

José Ramón Moratalla Escudero - @jrmoratalla

La necesidad de gestionar la soberbia del abogado en los siete factores capitales del proceso

19 de ENERO de 2015

En el sector de la Abogacía hay abogados soberbios y soberbios abogados, y no es infrecuente que dichas condiciones suelan coincidir en unas mismas personas.

Sin lugar a dudas, la soberbia supone tanto un pecado como una virtud. Ello obedece a que comparten la misma raíz etimológica (del latín “superbia”) palabras como supremo, insuperable, superior,…

Pero este “apetito desordenado por ser preferido a otros” tal como define la RAE a la soberbia valiéndose de la definición que hizo de ella San Agustín (De Civitate Dei, XIV, 13; también citado por Santo Tomás en De malo, q. 8. a. 2.) para quien no sólo supone el primer pecado sino además la señal de la naturaleza corrompida, requiere de un control a la hora de ejercer la abogacía, e incluso, a la hora de conducir eficazmente la relación abogado-cliente. Esto es, se hace preciso saber gestionarla.

En 1786 el emperador de Austria Joseph II quiso obsequiar la visita de su hermana, la archiduquesa Marie Christine y su esposo, el duque Albrecht von Sachsen-Teschen de Bruselas, con un reto o competición entre los dos principales compositores de música del momento en la corte, como eran Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart. El reto consistía en que cada uno de ellos debían preparar una ópera de un solo acto que representarían, una después de otra, ante un nutrido público de invitados. El tema elegido para la obra era el propio mundo de la ópera y el tono de la misma debería ser cómico.

Mozart logró preparar su ópera “El Empresario Teatral” (Der Schauspieldirektor, K.486) en tan sólo 17 días, mientras Salieri compuso la propia “Primero la música y luego las palabras” (Prima la musica e poi le parole)

Ambas óperas se representaron dentro del marco de las fiestas en honor a dicha visita, el día 7 de febrero de 1786 en el invernadero de naranjos “Orangerie” del castillo de Schönbrunn en Viena; acto al que asistieron cientos de invitados.

La obra de Mozart más que una pieza operística al uso realmente era un singspiel mezclado con teatro de cobertura que albergaba dos arias, un terceto y una canción conjunta en verso o vaudeville. Todo un ejercicio de innovación para el momento y muy atrevida en su fondo, pues bajo el tono cómico solicitado por el emperador, Mozart se atrevió a abordar la trastienda del mundo operístico (sus corruptelas, rivalidades, competencia feroz, problemas…) logrando casi una “opera-denuncia”, mientras Salieri se limitó a seguir el guión con una obra típica del género de ópera bufa italiana, todo ello sin mayores pretensiones.

El resultado de la competición, pese a la originalidad, valentía y superior calidad que presentaba la obra de Mozart, resultó a favor de Salieri.

Este caso supone un claro ejemplo del pecado de soberbia profesional. Mozart muy superior a Salieri desoye la petición del emperador e ignora el fin para el cual son requeridos sus servicios (en este caso un mero divertimento).

Al igual que al genio de Salzburgo, el abogado es proclive a pecar de soberbia, arrogancia, prepotencia, vanidad, altanería y vanagloria a la hora de conducirse profesionalmente.

Ya en mi anterior post La regla de las 12 “Ces” para la gestión eficiente de la relación entre abogado y cliente aludía a la necesidad de optimizar de forma eficaz la gestión de las relaciones, atendiendo para ello a su carácter intuitu personae. Es por ello que el exceso de soberbia profesional no sólo supone una amenaza a la hora de gestionar debidamente la relación abogado-cliente, sino que también supone una amenaza para el éxito del caso pues la soberbia también afecta a los siete factores clave de todo proceso judicial.

Estos son: el caso, el cliente, el oponente, el juez, los colaboradores, el propio abogado y el procedimiento de trabajo del abogado y del despacho.

El caso, con respecto al caso, la soberbia se manifiesta a la hora de minimizar su complejidad y darlo por ganado, vendiendo la piel del oso antes de cazarlo. Esta muestra de altanería y de exceso de confianza trae siempre inevitables como desagradables consecuencias.

Igualmente ocurre con el cliente. La arrogancia del abogado al desoir los deseos del cliente, a parte de generar frustración en las expectativas de éste en la gestión de sus intereses, le aleja de cultivar una relación saludable y de respeto con quien se debe (su cliente).

Con el oponente o contrario en el proceso, al igual que con el juez, qué vamos a contar. Cuántos juicios se han perdido por infravalorar la defensa contraria o por fiarse y aventurarse en exceso del posible criterio o parecer judicial de tal o cual magistrado.

Igual ocurre con los colaboradores y con el procedimiento interno de trabajo del despacho. Confiar en exceso que cualquier colaborador (procurador, perito, compañero en el despacho, nuestro servicio documental de apoyo,…) en el proceso es válido supone una temeridad. La soberbia no deja ver la realidad, o al menos la disfraza a nuestro gusto y conveniencia.

Y por último y no menos importante factor fundamental del proceso radica en nosotros mismos, esto es, en el propio abogado.

La jactancia de que somos los mejores muchas veces se torna en otros vicios como son la ambición,  el orgullo, la pertinacia, la hipocresía y la desobediencia. Ambición haciéndonos erróneamente creer –cual cuento de la lechera- que todo es posible. El orgullo en exceso termina generando tiranía, ya decían los griegos. Pertinacia porque este alejamiento de la realidad nos insufla una seguridad fútil, de pies de barro, que nos dirige ciegamente a una realidad impostada. Hipocresía porque la soberbia nos lleva a aparentar lo que realmente no somos, esto es, un ejercicio de envanecimiento profesional. Y desobediencia pues en esta huida de la realidad terminamos incumpliendo lo acordado con nuestros clientes.

En cualquier caso, la soberbia profesional del abogado o del artista, como una moneda, reúne en sí las dos caras: la del vicio y la de la virtud, evidenciando el conflicto entre la humildad y la excelencia. De ahí que sea preciso saber gestionarla.

Todo siempre en su justa medida. Ya lo dijo Mozart:

Monsieur Vogelsang:

“Was wollen Sie sich erst entrüsten,

mit einem leeren Vorzug brüsten?

Ein jedes hat besondern Wert.”

(¿Por qué esta muestra de genio,

este frívolo alarde de quién es la mejor?

Cada ser tiene sus propios méritos).

A lo que Mademoiselle Silberklang responde:

“Jeder Künstler strebt nach Ehre,

wünscht der einzige zu sein;

und wenn dieser Trieb nicht wäre,

bliebe jede Kunst nur klein.”

(Todo artista lucha por la loa,

quiere ser el único;

y sin esta lucha

el arte nunca sería grande.)

El Empresario Teatral, Der Schauspieldirektor, K.486 (fuente del libreto, Kareol)

 
 

 


Buscar en lawyerpress.com

 


Marketing & Law

José Ramón Moratalla Escudero

José Ramón Moratalla Escudero





 

 
 

Nosotros  /  Contacto  / MARKETING  / COMUNICACIÓN  / INTERNET  / DIRECTORIO DE BUFETES  / 

 

copyright, 2015 - Strong Element, S.L.  -  Peña Sacra 18  -  E-28260 Galapagar - Madrid  -  Spain -  Tel.: + 34 91 858 75 55  -  Fax: + 34 91 858 56 97   -   info@lawyerpress.com  -  www.lawyerpress.com - Aviso legal