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José Ramón Moratalla Escudero - Marketing & Law - BLOGS de LP emprende

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José Ramón Moratalla Escudero - @jrmoratalla

El desafío de la gestión de la conciencia contestataria en entornos 2.0 dentro de las organizaciones

05 de ENERO de 2015

El conflicto en las organizaciones no es por sí negativo en tanto supone siempre una oportunidad de mejora.

En el Canto VIII de la Odisea Homero narra uno los relatos mitológicos más interesantes y divertidos. Se trata del relato de la red de Hefesto.

Resulta que Hefesto (Vulcano para los romanos), el anciano y cojo dios de Lemnos, casó con la diosa Afrodita, quien realmente amaba a Ares, el dios de la guerra. Según Homero, los dos amantes fueron sorprendidos de madrugada por Helios, el dios Sol que todo lo ve, quien le contó el suceso a Hefesto. Éste en venganza preparó en secreto una trampa para lo cual forjó en su fragua una red mágica de hilos invisibles e irrompibles, que él sólo podía accionar. Engañó a Afrodita diciéndole que iba a Lemnos, lo que aprovechó ésta para hacer venir a Ares. Cuando a la noche Hefesto los sorprendió desnudos en el lecho, activó la red dejando atrapados a los dos amantes. Fue entonces cuando el humillado esposo y dios hizo llamar al resto de dioses del Olimpo quienes disfrutaron y rieron mucho con aquel espectáculo.

Cualquier organización –se nos presente como una empresa, como un despacho de abogados o como cualquier otro modelo corporativo- resulta ser un foco habitual de desencuentros y conflictos.

A ello contribuye la cada vez más rica diversidad de los recursos humanos que la integran. Variedad ésta, que no sólo ha de ser entendida a la luz de la procedencia o nacionalidad de sus integrantes, si no además, atendiendo a la heterogénea amalgama de edades y generaciones de sus integrantes. Diversidad aún más compleja, que se manifiesta a modo de cóctel alambicado, si atendemos a la disparidad de cotas de experiencia, de formación, de habilidades y de conocimiento que aportan a la organización. Y todo ello, sin olvidar las diferencias que en materia de motivación y nivel de compromiso personal que cada uno de ellos se presta a asumir.

Toda esta diversidad y, al mismo tiempo, riqueza de capital humano, supone un reto organizacional que precisa de un nuevo modelo de liderazgo capaz de gestionar esa variedad, así como atender y resolver todos los conflictos que genera.

Además, el modelo de liderazgo tradicional de la jerarquía y de la -casi militar- escala de mando en el reparto del poder, las competencias y las responsabilidades, está en crisis. Con ello, también el modelo de pensamiento unidimensional -más que pensamiento único- que ha venido estando en boga en las organizaciones. Ello ya no vale. Ello ya no sirve.

El líder del equipo ya no es forzosamente el jefe. Se impone asumir la realidad que trae consigo un escenario nuevo en el que todos los integrantes de la organización contribuyen cada vez más en igualdad de condiciones. Se trata de una agregación de valor colaborativo, exenta de las cortapisas propias de las jerarquías, en la que ahora todos suman, en mayor o menor grado, según sus capacidades y circunstancias. Del “ordeno y mando” estamos pasando al “opino y contribuyo luego existo”.

El nuevo liderazgo se fundamenta en saber gestionar un marco de disidencias y conflictos, no necesariamente negativos, para encauzar acertadamente las sinergias y energías tanto individuales, como grupales.

Y todo ello se justifica en un nuevo paradigma: el conflicto en las organizaciones no es negativo per se en tanto supone siempre una oportunidad. Sin lugar a dudas, una oportunidad de mejora a todos los niveles, así como de implicación y de coparticipación en un resultado, aunando esfuerzos y voluntades en un fin común. Todo ello necesariamente apoyado y asistido por la transparencia en -y de- la propia organización, sus integrantes y procedimientos.

Ahora bien, en toda dialéctica hay realidades enfrentadas y con ello no se ha minusvalorar el componente de rebeldía que trae consigo el conflicto organizacional.

En efecto, la mayor riqueza del capital humano que aporta su diversidad y la tendencia creciente a asumir modelos colaborativos y coparticipativos en las organizaciones implica también que se esté generando una conciencia contestataria.

Conciencia contestataria que ahora no transige con los errores, provengan de donde provengan. Conciencia que obliga a pasar por el tamiz ético los dictados de los superiores que aún se pretenden arrogar el principio de autoridad sustentado en el escalafón del organigrama.

Con todo ello nace un nuevo derecho que asiste a los integrantes del grupo, esto es, de la organización: “el desahoging” o lo que es lo mismo el ejercicio de la conciencia contestataria. Hemos pasado del “así lo quiero porque puedo” al modelo del “ya no todo vale” propio de un entorno –como el actual- de ausencia de barreras en la difusión informativa y en la comunicación que da mucho más poder al individuo frente al grupo.

En esta deriva, juegan un papel primordial la presencia de Internet, cual hefestiana “red de hilos invisibles e irrompibles”, así como los entornos 2.0 o redes sociales.

Cada día es más frecuente encontrar noticias sobre como las redes sociales (facebook, Twitter, Youtube…) se posicionan como medios de comunicación y denuncia ante atropellos y abusos de índole laboral, política, etc… Si bien su uso no es del todo ni inocuo ni inocente. Así, lo que hasta hace poco se veía como improbable, véase la exigencia de responsabilidades jurídicas del retweet, cada vez empieza a ser más habitual e, incluso, inevitable: el uso inadecuado e incluso ilegítimo de la denuncia infundada o improcedente a través de las redes sociales que se prestan de altavoz mediático.

Es por ello que en el seno de las organizaciones y, en particular, de las empresas, el desafío de la gestión de la conciencia contestataria empiece a ser más que una oportunidad, una auténtica y apremiante necesidad. De caso contrario sería llegarse a engaño pues en este nuevo escenario el débil, entiéndase cualquier trabajador o integrante de una organización es ahora más rápido que la hasta hace poco poderosa y unívoca empresa u organización. Ahora hasta Hefesto supera a Ares.

“No prosperan las malas acciones; el lento alcanza al veloz. Así, ahora, Hefesto, cojo y lento como es, ha cogido con sus artes a Ares pese a ser el más veloz de los dioses que ocupan el Olimpo.” (Homero, Canto VIII de La Odisea).

 
 

 


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José Ramón Moratalla Escudero

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