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(De
la
importancia
de
la
gestión
del
conflicto
en
el
ejercicio
de
la
abogacía).
Hace unos días leía un
interesante
comentario
del
abogado
Manuel
Javier
Martínez
de
León
Pérez,
que
en
Linkedin
denunciaba
la
inexistencia
en
los
planes
de
estudios
de
Derecho
de
las
universidades,
escuelas
de
negocio
y
escuelas
de
práctica
jurídica,
de
una
asignatura
o
acción
formativa
específica
dedicada
a la
gestión
del
conflicto.
Con la gestión del conflicto
ocurre
algo
similar
como
con
el
tema
del
acopio
de
información
para
la
preparación
del
caso
(ver
http://www.lawyerpress.com/blogs/LPe_JR_Moratalla_05.html) que aún siendo cuestiones
de
enorme
interés
y
relevancia
práctica
en
el
ejercicio
de
la
profesión,
no
logran
captar
el
interés
de
los
programas
y
planes
de
estudio.
Pero esto no ocurre con
respecto
a
otras
disciplinas.
De
hecho
cada
vez
resulta
más
frecuente
oír
hablar
de
la
conflictología
y,
de
seguro
que
al
igual
que
ha
ocurrido
con
la
mediación
y la
figura
del
mediador,
igual
ocurrirá
con
ella
y
con
la
figura
del
conflictólogo.
Seguro
que
más
pronto
que
tarde
hablaremos
de
“conflictología
legal”.
Máxime cuando el apasionante
como
cada
vez
más
complejo
ejercicio
de
la
profesión
de
abogado
está
rodeado
de
conflictos.
Conflictos
en
el
ámbito
profesional,
sea
con
los
clientes,
sea
con
los
compañeros
del
despacho,
sea
con
los
contrarios,
sea
con
el
juez
o el
funcionario
de
turno,
el
procurador,
etc…
Pero
también
conflictos
en
la
esfera
personal
pues
muchas
veces
la
dedicación
que
requiere
el
ejercicio
termina
dejando
secuelas
en
las
relaciones
personales
de
tú
círculo
más
íntimo,
familiar
y de
amistades.
De
ahí
que
la
necesidad
de
saber
gestionarlos
se
hace
primordial
para
poder
llevar
una
vida
saludable
tanto
en
lo
personal
como
en
lo
profesional.
Teniendo
en
cuenta
que
gestionar
un
conflicto
supone
mucho
más
que
saber
negociar.
Aún así, el conflicto
en
sí
mismo
no
comporta
necesariamente
un
carácter
negativo.
En
este
sentido
podríamos
definir
el
conflicto
desde
una
perspectiva
interaccional
como
una
divergencia
de
intereses
focalizada
en
un
mismo
asunto
u
objeto
en
la
que
necesariamente
intervienen
distintas
partes
cuyos
objetivos
no
pueden
lograrse
simultáneamente.
Un
principio
clásico
de
la
irenelogía
mantiene
que
se
necesitan
dos
o
más
personas
para
entrar
en
conflicto,
pero
también
para
salir
de
él.
Y decía que no comporta
un
carácter
necesariamente
negativo
en
tanto
en
cuanto
el
conflicto
genera
una
nueva
situación
que
requiere
la
búsqueda
de
una
solución
satisfactoria.
Por todo ello, el conflicto
es
sinónimo
de
oportunidad
(ver
http://www.microsoft.com/business/es-es/Content/Paginas/article.aspx?cbcid=597). Primero identificando el
problema,
luego
ideando
alternativas,
evaluando
los
pros
y
contras,
para
terminar
tomando
una
solución
de
cómo
se
va a
actuar.
Además, el conflicto es
intrísecamente
motivador
y
exige
de
nosotros
una
orientación
o
predisposición
positiva
hacia
él.
Se
trata
de
aplicar
inteligencia
emocional,
si
bien,
además
hace
necesario
volcar
en
su
abordamiento
sólidos
conocimientos
con
los
que
afrontar
con
garantías
la
situación
de
conflicto
y
que
te
guíen
de
forma
segura
en
la
gestión
del
mismo.
Pues
un
conflicto
mal
resuelto
sigue
siendo
un
conflicto.
Son muchos los factores
que
intervienen
en
la
gestión
del
conflicto.
Se
trata
de
lidiar
con
intereses
contrapuestos,
percepciones
divergentes,
conciencias
diferentes,
necesidades
enfrentadas,
y
posiciones
y
objetivos
contradictorios.
Todo
ello
compone
una
confusa
maraña
que
es
preciso
desenredar.
Los conflictos nos rodean,
están
siempre
presente
formando
parte
de
nuestras
vidas
y de
nuestra
profesión.
Por
ello,
ahora
y
siempre,
hay
que
aprender
del
conflicto.
Para
el
profesional
del
Derecho
supone
nuestra
razón
de
ser
y,
desde
una
perspectiva
mucho
más
edificante,
además,
nuestra
oportunidad
para
seguir
creciendo.
Tengamos pues conflictos y
los
dirimamos.
No
los
evitemos,
no
nos
conformemos.
Caso
contrario,
seremos
merecedores
del
mayor
de
los
reproches.
Así
lo
sentenció
Lichtenberg
en
otro
de
sus
geniales
aforismos:
“Quien
tiene
menos
de
lo
que
ambiciona,
debe
saber
que
tiene
más
de
lo
que
merece”.
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