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Analizar el impacto de la economía colaborativa, su valoración del riesgo y los
nuevos desarrollos tecnológicos que ayudarán a una mejor gestión por parte de la
abogacía forman parte de la ponencia que impartirán mañana miércoles en FIDE
Alejandro Sánchez del Campo, abogado del área comercial y digital (CCDO) de
Telefónica, Ignacio González, asociado al Departamento de Propiedad Intelectual
e Industrial de Garrigues con la moderación de Álvaro Lobato de DLA PIPER. Se
trata en este encuentro con más de cuarenta profesionales del sector de analizar
cómo el abogado va a ser permeable a estos y otros cambios que llegan en un
entorno global, donde el derecho pese a ser local tiene un transfondo
internacional importante. Pese a ello, estos expertos creen que la figura del
abogado será necesaria, sobre todo en los pleitos más complejos. Nuestra
publicación ha hablado con ellos de forma extensa antes de este evento y
extractado unas primeras conclusiones que ahora reproducimos.
Alejandro Sánchez del Campo, subraya que hay tres elementos claves en este
entorno que hará que cambie la mentalidad del os abogados. En primer lugar, la
economía colaborativa y su impacto en la propia abogacía siguiendo modelos que
impulsan marcas como Uber o Airbnb. Otro elemento a tener en cuenta es como
valoran sus riesgos legales “ son empresas que van del todo a nada y que están
dispuestas a triunfar o a arruinarse”, aclara. El tercer elemento es la
progresiva automatización de los procesos donde ya hay aplicaciones como Watson
de IBM que desarrollar muchos procesos de forma tecnológica. Para este experto
hay que plantearse si los abogados podemos estar al margen de estas tendencias.
“ Creo que sería un error estar al margen. Incluso la nueva valoración de
riesgos que se plantea se podrá hace adaptándose a una nueva normativa”,
comenta.
Para Ignacio González, “los abogados tendremos que cambiar el chip y es evidente
que habrá que ver como encajan los despachos el impacto de las tecnologías
disruptivas o la inteligencia artificial. Condicionará bastante la prestación de
los servicios jurídicos de los propios despachos”, indica. A su juicio con el
uso de la tecnología el trabajo complejo quedará para el letrado y el más
sencillo irá por estos automatismos. “Los retos de los despachos son dos desde
mi punto de vista: en primer lugar los abogados debemos integrar las tecnologías
cuanto antes y entender que el soporte que va ayudar a prestar ese tipo de
servicios jurídicos va a ser tecnológico”. Estos cambios redundarán en los
costes de tal manera que se abaratarán. “Es evidente que el perfil de los
abogados va a cambiar en este nuevo contexto valorándose la capacidad de
negociar o la generación de confianza con el cliente”, comenta.
En opinión de Álavaro Lobato habrá un ajuste del mercado legal “cada vez habrá
menos despachos con menos asuntos. Ahora el 90 por cien del trabajo en un
despacho legal se puede comoditizar”. A su juicio es un conocimiento
sobrevalorado en un futuro donde los precios caerán ostensiblemente. “Se observa
que el conocimiento jurídico añade poco valor y es posible que el 80 por ciento
de las decisiones las pudiera tomar una máquina con un margen de error menos que
el de un ser humano”, subraya. En general para este jurista el derecho ha
llegado a su límite y genera poco valor. “En este contexto el abogado tendrá que
añadir valor al negocio concreto del cliente y eso ya no será un abogado en el
sentido tradicional de la palabra tal y como lo conocemos”, indica. También
pronostica que habrá muchos menos abogados que los que hay ahora y más
económicos porque insiste “el derecho es un conocimiento muy elemental”. Todos
estos cambios provocarán ciertas tensiones en las estructuras actuales de los
despachos de abogados. |