La figura del ‘Compliance’: gasto o inversión

Publicado el miércoles, 11 abril 2018

Miguel Ángel Montesdeoca, Responsable de cumplimiento normativo de Grupo Avintia.

Los altos directivos de una empresa con capacidad de gestión suelen fundamentar la toma de  decisiones en criterios numéricos. Por ello, y adaptándonos a este planteamiento, la primera pregunta  que deberían hacerse aquellos que se estén planteando adoptar a corto o medio plazo un programa de cumplimiento normativo, o de “compliance”, es que se pregunten, si ven el programa como un gasto, o como una inversión.

Miguel Ángel Montesdeoca, Responsable de cumplimiento normativo de Grupo Avintia

Miguel Ángel Montesdeoca, Responsable de cumplimiento normativo de Grupo Avintia

Conviene antes de nada fijar un criterio o determinar a qué nos referimos cuando hablamos de gasto e inversión para valorar el grado de madurez en la implantación de un plan de cumplimiento en la empresa. Sin entrar en una discusión doctrinal, ni en grandes definiciones conceptuales, la principal diferencia que destacaría de ambos conceptos radica en el denominado “retorno esperado” para la empresa. Mientras que en la inversión se espera conseguir un rendimiento en el futuro, en el gasto simplemente no se espera ese rendimiento futuro, o retorno, tan solo representa la contraprestación de la utilización de un bien o servicio concreto.

Por otro lado, aclarar que el considerar la función de cumplimiento como un gasto, en principio no tiene nada de malo, y puede considerarse como un gran paso inicial en aquéllas empresas que antes no disponían de ningún presupuesto para dicha función, si efectivamente proceden a gastar en cumplimiento con criterio, contratando los servicios de los profesionales adecuados.

Si se ha dado el paso anterior, la siguiente recomendación sería la de revisar que ese gasto inicial no sea superfluo, sino efectivo. Este punto es relevante, ya que servirá como termómetro para medir el grado de madurez empresarial. Para ello, se deberá analizar si ese gasto inicial y reiterado en el tiempo se ha ido combinado con una serie de elementos básicos de la gestión empresarial como son: la concienciación a la alta dirección, la integración de los aspectos de cumplimiento en los procedimientos y herramientas de la empresa, la difusión del programa o aspectos concretos del mismo en la intranet corporativa u otros medios, y la formación específica en la materia.

Además para continuar la evaluación de esa partida presupuestaria deberíamos  obtener resultados cuantificables como la reducción de riesgos por sanciones administrativas, y penales al disponer de medidas preventivas, la mejora de relaciones con la supervisión administrativa, o la obtención de mejores puntuaciones y ventajas competitivas en procesos de contratación, entre otros.

A todo ello se une la repercusión positiva que genera en la imagen de la compañía a todos los niveles, desde la captación de nuevo talento cualificado y honesto, hasta el hecho de atraer inversión por el mero hecho de ser percibido como una empresa transparente y fiable.

Algo que está claro es que la adopción, implantación y gestión de un programa de compliance no es cosa de un día, necesita de tiempo y una buena planificación permeable a todos los niveles de la compañía hasta que los resultados pueden ser apreciados.

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