La gestión de la felicidad en los Despachos

Publicado el Jueves, 22 junio 2017

Anna Marra.

Al hilo de un gracioso intercambio de tuits con @jordiestalella, socio de MoreThanLaw, me preguntaba si las empresas, y en particular aquellas empresas de servicios jurídicos que se llaman Despachos, tienen la obligación de hacer felices sus colaboradores.

La conversación surgió de un comentario que publiqué en el que dudaba que las empresas tuviesen este tipo de obligación. Jordi me contestaba citando la relación entre felicidad y productividad y aportando un artículo muy interesante, publicado por La Vanguardia, en el que se presenta una aplicación que permite medir la felicidad de los empleados..

Anna Marra, Project Manager & Consultant

Anna Marra, Project Manager & Consultant

Esta aplicación móvil funciona sobre la base de fomentar la felicidad en las empresas, invirtiendo en trabajadores felices capaces de generar mayores beneficios tanto para ellos como para las organizaciones.  Happyforce abre un canal de comunicación directo y en tiempo real entre el trabajador y la dirección de la empresa. La app funciona de manera similar a las redes sociales como Facebook o Whatsapp. Mediante el uso de emoticonos, botones de ‘me gusta’ o ‘no me gusta’ y espacios para compartir comentarios, los empleados cuentan con una herramienta para expresar de manera anónima sus ideas y sentimientos. La conversación que se genera dentro de la plataforma es, según Alex Ríos, CEO de Happyforce, como tener una cámara en la máquina de café, pero con la ventaja del anonimato, con lo que los empleados se sueltan más a hablar y participar. De esta manera, Happyforce toma el pulso del día a día de los diferentes equipos de la organización, identifica los temas que generan mayor interés o preocupación y sirve para implantar soluciones en las áreas que requieren más atención (Happyforce: la app que mide la felicidad de las empresas, La Vanguardia).

Más allá de que de alguna forma se esté aplicando la tecnología a 1984 de George Orwell, con todo lo que puede conllevar tener a un Gran Hermano en el Despacho, la idea más importante de esta aplicación es de generar un clima de trabajo abierto y positivo que fomente la productividad. Según Ríos, “la felicidad en el lugar de trabajo no es un término bonito, es algo tangible que afecta a la productividad, y para conseguirla hay que reaprender a comunicarse”.

¿Cómo se aplica esta reflexión a los Despachos? ¿Quién se preocupa de generar felicidad entre los abogados y los colaboradores? ¿Son felices los abogados? ¿El ambiente laboral está conectado con la felicidad?

Es evidente que un despacho es una estructura basada en el capital humano y el estado de ánimo de su activo más importante influye en el rendimiento y en la performance.

Concuerdo con Jordi que hay una relación entre la felicidad y la productividad, sin embargo, me cuesta pensar que un despacho o una empresa tenga que entrar en un campo tan personal y subjetivo como pueda ser la felicidad de una persona. Cierto es que pasamos casi tres cuartos del día en un Despacho o en su entorno, y que sus dinámicas nos influyen en estado de ánimo, conductas y relaciones. Miro en la RAE y descubro que su definición de la felicidad es un “estado de grata satisfacción espiritual y física”. ¿Están satisfechos espiritualmente y físicamente los abogados? ¿Es obligación del Despacho o por lo menos “justo y necesario” – casi diría que estratégico – preocuparse de su estado espiritual y físico?

LA FELICIDAD ES COMPARATIVA

Sabemos por la paradoja de Eaterlin que el dinero no hace la felicidad. En el artículo “Does Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence“, publicado por Richard Easterlin en 1974, el teórico de la Economía de la Felicidad presentaba sus principales conclusiones: la felicidad es comparativa. Comprarse un chalet en la Moraleja no proporciona satisfacción si todos los vecinos o los compañeros lo tienen (De hecho, en la pirámide de Marshall se consideran necesidades secundarias). Esto conlleva a que incrementar las posibilidades económicas de todos no mejora la felicidad (El Dinero no da la felicidad, 5 días, Nieves García-Santos. Economista).

Según los datos de Easterlin, aunque entre 1946 y 1970 en los Estados Unidos los ingresos por persona han aumentado de manera significativa, el nivel de felicidad declarado por los ciudadanos no ha mostrado una tendencia de cambio homogénea, manteniéndose hasta los años 60 y decreciendo entre 1960 y 1970. El aumento de la renta de los individuos les permite disfrutar de mayores bienes y de bienes más caros, lo que les produce un aumento en su satisfacción y felicidad, pero estos logros son temporales porque según aumenta su estatus esos bienes se convierten en necesidades, su posesión no reporta felicidad y su ausencia se toma como una privación.

Esta teoría sugiere que, una vez que las necesidades primarias están cubiertas, las medidas políticas deberían centrarse en aumentar la satisfacción de los individuos, actuando sobre la Felicidad Interna Bruta, y no en el crecimiento económico, medido por el Producto Interno Bruto.

Así que volvemos a lo nuestro. Sabiendo que un aumento de la renta da la felicidad, pero solo hasta cierto punto, los despachos deberían centrarse en otros factores que generen felicidad entre los abogados.

Y yo sigo con mis dudas. ¿Tienen de verdad esta obligación, aunque sea de conveniencia? Mi perplejidad nace que la idea que estamos trasladando a las organizaciones la gestión de la felicidad porque no somos capaces de educar personas empáticas, colaborativas, generosas, respetuosas. Si las personas fuésemos capaz de generar felicidad en los demás, no habría falta encargar de eso una organización, sea un despacho o una empresa. Reconozco que las normas y conductas no normadas dentro de una organización influyan en el estado de ánimo de una persona, y que, más allá de cumplimiento normativo, haya un deber de un Despacho – o empresa – de garantizar un buen ambiente de trabajo, pero creo que muy a menudo se confunde un deber organizacional con un deber social.  Y también creo que la felicidad sea un concepto tan complicado que ya nos tiene ocupados en reflexiones desde 2000 años. No hay persona que llegaría a definir la felicidad de la misma forma.

Recientemente he pasado un momento complicado por razones de salud. Una vez me preguntaron qué es para mí el paraíso, no desde el punto de vista religioso sino como lugar del espacio o del tiempo en que me sintiera completamente bien. Me costó llegar a definirlo. Lo hice, pero me costó, y me sorprendí yo misma por que descubrí que no me lo imaginaba como un lugar de felicidad absoluta. De hecho, sin el dolor, sin el sufrimiento, sin los retos de la vida, sin las decepciones dudo que se podría entender la alegría, la satisfacción, la plenitud.

¿Qué puede hacer feliz un abogado? ¿Hasta qué punto es sabio o recomendable adentrarnos en la búsqueda de su felicidad? Quizás de esta idea nació mi twitter; si lo pienso bien, fue una rebelión hacía la felicidad inducida, cuando para mí, como decía Aristóteles, la felicidad depende de nosotros mismos y es un camino que se hace andando.

¿EL LEGAL PROJECT MANAGEMENT GESTION LA FELICIDAD?

Despachos y Empresa difícilmente llegarán a saber lo que nos hace feliz. NI el Gran hermano puede con eso. Pero si lo que estamos buscando es la mejora de la productividad através de la generación de un buen clima laboral, hay muchas cosas evidentes que pueden incidir en el estado de ánimo de un abogado y que son más sencillas y a portada de mano de lo que pensamos. Desde años me dedico al Legal Project Management, non solo como un enfoque de mejora organizativa, sino como una herramienta de mejora del ambiente laboral.

Uno de los problemas más importante cuando se trabaja en proyectos es alinear los intereses personales de los miembros del equipo con el objetivo del proyecto, para que por lo menos no haya un conflicto latente. Todos tenemos intereses, que puede ser diferentes de los intereses de la organización.

Aplicando el LPM en Despachos he visto como había algunos aspectos de esta disciplina que no sé si generaban felicidad, pero seguramente un mejor ambiente laboral. Entre ellos:

  1. La capacidad de definir el alcance de un proyecto, para saber qué vamos a hacer y para poderlo comunicar al cliente y al equipo;
  2. La capacidad de definir roles y responsabilidades dentro de un equipo para que se sepa quién, para quién y con quién;
  3. La capacidad de asignar tareas en el tiempo y en el espacio para que se sepa qué y cuándo;
  4. La capacidad de comunicar y tener informados los miembros del equipo para que se sepa dónde estamos y adónde vamos;
  5. La capacidad de identificar stakeholders para que sepamos que riesgos y oportunidades tenemos en el proyecto;
  6. La capacidad de identificar riesgos para sentirnos cómodos en la gestión del cambio;
  7. La capacidad de usar herramientas informáticas;
  8. La capacidad de trabajar en equipo, colaborando y no compitiendo;
  9. La capacidad de negociar y resolver conflictos dentro del equipo y con los stakeholders externos.
  10. La capacidad de contar con un Director de proyecto, que facilite, ampare, coordine, resuelva duda, potencie el equipo, gestione el cambio.

Decía Seneca que todos los ser humanos aspiran a ser felices (De Vita Beata). Y en la Constitución de Independencia de Estado Unidos la felicidad llega a ser no solo una aspiración sino un derecho. Yo creo que es una actitud hacía la vida.

Agradezco a Jordi su impulso que me ha motivado a escribir un artículo un poco más personal y sentirme… feliz al escribirlo.

Sobre el autor

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